Lejos, muy lejos de allí, en una nave abandonada tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, un hombre menudo echa cuentas en un ordenador portátil. El sitio es frío, oscuro, apartado. Junto a él, dos guardaespaldas fuertemente armados. La imagen no podría estar más llena de contrastes. En unas circunstancias normales, cualquiera diría que aquel pequeño hombre debería tener miedo con dos gorilas tan descomunales, pero la realidad es que, si alguien causaba verdadero pavor en aquella sala era él.
- Sube la calefacción, Boris. Así no hay quien trabaje en paz. Hace demasiado frío.
El matón se acercó a una pequeña estufa de parafina y la subió un par de grados.
- Jefe, ¿no podríamos tener una calefacción central, como todo hijo de vecino?
- Oh, claro. Y a nadie le extrañaría que una nave supuestamente abandonada empezara a tener gastos de luz y gas. Hay que pasar desapercibidos. Cuanto menos se sepa de nosotros mejor.
- Pero seguro que se puede hace algún chanchullo para tener gas sin que nadie se entere.
- Claro, pero es mover más hilos. Hay que tocar lo menos posible siempre. No hay que hacer ruido.
En aquel momento llamaron a la puerta. Instintivamente Boris se llevó la mano al pistolón que llevaba colgado del cinto. Había que tener mucho ojo. Muy pocos eran bien recibidos allí.
- Tranquilízate, Boris. Seguramente sea Mike, que traiga su cuota mensual. ¿No es cierto, viejo granuja?
- Sí jefe - dijo el aludido al cruzar la puerta - como cada semana, le traigo su 20%. Algún día me gustaría saber como mantiene a la pasma lejos de nuestra red. No se ve un solo polizonte ni de lejos.
- Distracción, Mike, simple distracción. Basta con tenerles ocupados en otra cosa. No son capaces de estar con dos cosas a la vez. Lástima que finalmente cerraran aquel hospital que les tuvo tan ocupados, con tanto suicidio misterioso. Nos hizo un buen servicio.
- Fue una buena casualidad, la verdad.
- ¿Casualidad? ¡Je! Eso no existe. Fue más bien un laboratorio de pruebas para una nueva droga alucinógena que venderemos al mejor postor. Tal vez a esos fanáticos de ISIS, que les gusta tanto matar en nombre de Alá. La guerra siempre es buen negocio.
- No sabía nada de eso.
- Mejor. Lo que no sepas, no te hará daño. Limítate a tu red de prostitución y a tener en lugar seguro tu lista de clientes y las pruebas contra los peces gordos. Son tu seguro de vida. Si, pese a todo, alguien termina metiendo demasiado las narices en la red, siempre habrá quien haga lo que sea porque eso no vea la luz del día.
- Hablando de gente metiendo las narices. Quería comentarle algo que pasó ayer.
- ¿No habrá habido otro detective metomentodo? Tuvimos que quitar de en medio al que estuvo a punto de descubrir el tema usar aquel hospital como laboratorio de pruebas de la nueva droga. Por fortuna, el fantasma hizo un buen trabajo liquidándolo. Nadie investigará el caso. Es demasiado vergonzoso. Han preferido correr un tupido velo y dejar el caso sin cerrar, como un misterio más. Por suerte, ya habíamos terminado las pruebas.
- No, no. Nada de detectives. Una payasa que va por ahí disfrazada como los superhéroes de las películas. No sé si está loca y realmente se cree una justiciera de esas. Ayer estuvo distrayendo a mis chicas y las provocó un serio retraso. Por suerte, los clientes debieron creer que ella también era del gremio, ya que terminaron acercándose como siempre. De hecho, mis chicas pensaron al principio que era alguna de la competencia intentando birlarles el sitio. Pensé en intervenir, pero temí que se tratara de alguna trampa de la pasma.
- Lo dudo. De hecho, tengo algunos contactos que tienen cierta posición en la policía y me han comentado algo. Querían saber si era de las nuestras o qué. Al parecer, nadie sabe quién es. Debe ir por su cuenta.
- Pues fijo que está loca. ¿Cómo si no se explica que recorra cada noche los callejones más oscuros? Parece ir siempre en busca de camorra con los carteristas.
- Puede que simplemente sea alguien a quien robaron y va en busca de venganza. Poco importa. Loca o no, déjala tranquila. La policía está muy distraída con sus andanzas y cuanto más tiempo le dediquen a ella, menos nos dedican a nosotros.
- ¿Y si va demasiado lejos? ¿Y si averigua algo? Quizás sea de una detective privada particular y por no sepa nadie nada. A lo mejor se le ocurrió esa idea del disfraz pensando que sería algo tan ridículo y llamativo que nadie sospecharía de ella. ¿Debería liquidarla?
- No. Nada de muertes ni secuestros. Eso es demasiado llamativo. Como mucho una paliza, pero solo si se acerca demasiado. Una muerte es algo demasiado llamativo. Siempre existe la posibilidad de que tenga alguien que no deje de remover Roma con Santiago hasta encontrar a algún culpable. Nada costaría buscar una buena cabeza de turco, la calle está llena de vagabundos desconocidos a los que podríamos colgar el muerto. La gente pensaría que fue un atraco que se le fue de las manos. Pero mejor evitarlo. No conviene que haya periodistas husmeando por el barrio. Así que ni lo pienses, ¿de acuerdo? El secreto de nuestro éxito es el silencio, la oscuridad. Que nadie sepa que existimos.
- De acuerdo, jefe.
- De todas maneras, no creo que te cause muchos problemas. Será una simple aficionada. No existen los héroes. Al menos, no en este país. Por si acaso, tiraré de contactos para ver si averiguo algo. Pero ya te digo, déjala en paz. Que se ocupe la policía.
- ¿Y no atraerá a la policía a nuestro terreno? Si la siguen y ella vuelve de nuevo por nuestra zona, podría darnos problemas.
- Te comes demasiado el tarro. Ella lo más lejos que llegará será a los peones de nuestra organización. Y como nadie sabe demasiado, no conseguirá conectar con nada. No le des más vueltas.
- Muy bien. Entonces, con su permiso, me retiro.
Mike “Ojo negro” dejó el edificio. El jefe de la banda, a pesar de la tranquilidad que trataba de aparentar, seguía pensando en la misteriosa mujer de la que habían estado hablando y que no había entrado en sus planes. Algo había que hacer. Tenía que saber quién era. El conocimiento era poder. Por eso la mejor manera de evaluar a un gobierno era mirar la inversión que hacía en materia de educación. A su entender, daban la impresión de invertir lo menos posible y falsear las cifras de fracaso escolar bajando el listón de las pruebas. Así se conseguía un país aborregado, en el que con solo tener futbol y tiendas, estaba feliz cual perdiz. Algo que a ellos les venía muy bien. De todas maneras, decidió hacer unas cuantas llamadas. Alguien tendría que saber algo. Pero solo había sombras. Lo máximo que logró fue un nombre de una sospechosa que recientemente había interrogado la policía. Era una pista débil, pero menos daba una piedra. Pirateó el expediente de aquella señora desde su portátil. Parecía tan solo una simple madre trabajadora. No había vínculos con ninguna red de policía ni pertenecía a ninguna agencia de detectives. No parecía ninguna amenaza. Pero no había llegado hasta donde estaba por fiarse de las apariencias.
- Igor. Boris. Salid un momento y cerrad la puerta. Quiero hacer una llamada privada.
Los guardaespaldas salieron, dejándole completamente solo. Sacó otro móvil distinto al que había usado y buscó un número en su lista de contactos.
- ¿Polanco? Sí, soy yo. Tengo un trabajo para ti.
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