El ambiente que se respiraba en la comisaría del distrito era realmente tenso. El comisario Blanco estaba de los nervios. Siempre había demasiado trabajo y poco personal. Necesitaba unas vacaciones. Y, ya puestos, la jubilación. Pero los empleados públicos no conocían qué era eso de prejubilarse. Y, con las maravillosas reformas laborales del gobierno, en lugar de jubilarse a los 65, se veía teniendo que venir a trabajar hasta los 67. Y, como siguiera desapareciendo el dinero de las pensiones de la Seguridad Social, pronto retrasarían la edad de jubilación hasta los 70. Al tiempo.
Permanecía pensativo en su despacho. Últimamente habían tenido casos de lo más extraño. Llevaba 25 años de servicio, y casi todo lo que había vivido eran cosas más o menos explicables, aunque igualmente trágicas. Los atentados del 11 de marzo, el accidente de Spanair, el coche bomba en el aparcamiento del aeropuerto... Había visto demasiada muerte. Tenía anécdotas para aburrir, no siempre agradables. Una de las más recientes se debía a las muchas denuncias de violencia doméstica que en el último siglo se habían incrementado. Colaboró mucho con una de las primeras casas de acogida que abrieron en Madrid. La comunidad quiso apuntarse ese tanto, pero sabía de sobra que todo era cosa de una ONG privada. Eso sí, en cuanto hubo problemas con las mujeres acogidas, el apoyo de la Comunidad desapareció como por arte de magia. Los periodistas se cebaron con el caso. Periodismo de investigación, que decían. ¡Mentira! Era todo prensa amarilla. Si investigaran un poco realmente, habrían descubierto que detrás de esas denuncias, solo había mentiras, un intento sacar más dinero a la Comunidad de Madrid. Por suerte, siempre eran casos minoritarios. Pero era una minoría demasiado ruidosa. Aun podía recordar una intervención de urgencia en la que estuvo implicado, mucho antes de ser ascendido a comisario. El hombre estaba pegando una paliza brutal a su mujer, de tal manera que tenía toda la cara ensangrentada. Necesitaron 3 hombres para poder reducirle, pero cuando lo lograron, la mujer se lanzó sobre ellos como una pantera furiosa.
- ¡¡¡¡A MI FELIPE NO LE TOQUEIS!!!! ¡ASESINOS! ¡SINVERGÜENZAS! ¡CANALLAS!
Nunca más. Desde entonces, se limitaban a sacar a la víctima del lugar y punto. Y, a veces, ni eso se podía. Era algo que nunca llegó a comprender, la excesiva necesidad emocional que tenían hacia su pareja, por mucho que esta se hubiera vuelto un monstruo. Le resultaba algo completamente incomprensible. Desde luego, la humanidad se había vuelto totalmente loca.
Por fin llegó el teniente Rubio. Llevaba una investigación algo extraña, la verdad. Se habían extendido rumores de que una mujer enmascarada iba cada noche persiguiendo carteristas. Al principio no le prestó mucha atención. Más de uno seguramente que se merecía que le zurraran bien. Pero la mala acción de unos, no justificaba nunca la de otros. Realmente no tenían muchas pistas. Solo una gran niebla. Sería otra pérdida de tiempo. Entre eso, y el de aquel hospital que tuvieron que precintar porque al parecer había un fantasma que incitaba a los pacientes al suicidio, últimamente sus casos se parecían más a los de las series policiacas de la tele que a la vida real. Obviamente, cuando cerraron el hospital, nadie dijo que era por lo del fantasma, claro. Oficialmente, se cerró por reformas. Solo faltaba que Iker Jiménez sacará en su programa de Cuarto Milenio que la policía creía en historias de fantasmas. Serían el hazmerreír de Europa. Otra vez.
- Bien, teniente, ¿qué ha sacado en claro?
- No mucho, la verdad. Nadie parece saber nada. Al principio creí que eran fantasías, así que durante varias noches recorrí el barrio disfrazado de mendigo. Estuve por abandonar el caso, hasta que anoche finalmente la vi con mis propios ojos.
- ¿Y cómo era?
- Unos 45 años, 160 de altura, algo entradita en carnes, con una melena hasta los hombros de color castaño y con un traje realmente estrafalario.
- Defina estrafalario.
- Máscara de carnaval, rodilleras y guantes de hockey, mallas deportivas... como los superhéroes de las pelis, pero sin ir tan ceñida.
- ¿Registró alguna agresión, como decían los rumores?
- No, señor. Siguió una ruta bastante indefinida hasta llegar a una de las esquinas habituales de las meretrices. Estuvo hablando bastante rato con ellas. Parece que al principio, al verla con esas pintas, pensaron que también sería una puta. Pero parece que trataba de ayudarlas a salir de esa vida. Pero estaban asustadas. No hacían más que decir que un tal Mike las vigilaba, aunque seguramente fuera un nombre ficticio.
- ¿Mike? Hum, podría tratarse de Michael “Ojo negro” Williams. Está buscado por la Interpol. Tiene varias causas abiertas por trata de blancas. Sus abogados siempre han conseguido que sus causas terminen siendo sobreseídas. Nunca había testigos solidos contra ellos. Las propias mujeres no abrían la boca. Es un monstruo, Rubio. Un verdadero animal. Se le cree en nuestro país. Quizás esté detrás de todo esto. Pero es muy hábil. Nunca se deja ver. Siempre usa a sus peones. Sería un buen punto poder atraparle.
- De todas formas, las propias prostitutas aseguraban que no era su verdadero nombre. Quizás no sea él.
- Puede que sí, puede que no. En cualquier caso, ese es el tipo de gente a la que me gustaría enjaular. ¿Y qué nos pone la comandancia como máxima prioridad? ¡Atrapar a esa justiciera enmascarada! ¡Es demasiado absurdo! ¡Ni siquiera había una causa contra ella! Pero parecía que les pone en evidencia. Da a entender que la policía no somos capaces de limpiar las calles de esa clase de chusma. ¿Pero es culpa nuestra que las leyes no nos permitan retenerles más de 24 horas?
En eso estaban todos de acuerdo. Era frustrante ver cómo estaba montado el sistema. Y peor lo tenían en la Guardia Civil. Aún recordaba la cara de tonto que se le quedó hace años cuando les contaban compañeros que habían estado destinados en el País Vasco como veían pasar delante de ellos terroristas de E.T.A. a los que el gobierno no les dejaba tocar porque estaban en negociaciones de tratados o cosas parecidas. Cuando se jubilara, tenía que escribir un libro cobre todas esas tristes historias que había vivido. ¡Así iba España! Por mucho que dijeran que España iba bien, que éramos referente en Europa, siempre estaba a la cola en todo lo importante. Siempre en el top 5 de países de Europa con más paro, más corrupción política, más fracaso escolar, más dinero negro... Y nadie arreglaba nada.
- Es inaudito. Por una vez que alguien tiene los huevos... bueno, ovarios, en este caso... necesarios para tratar de hacer algo, se nos ordena perseguirle. Estoy por decir a la comandancia que todo son rumores y que no hemos encontrado nada. Pero temo que no se lo crean y que manden a otro a investigar más acorde a lo que sea que quieran. ¡Asco de país! ¡Criminales es lo que deberíamos perseguir y no a gente que trata de ayudarnos!
- Pero también entiendo la preocupación de las altas esferas. Podría ser un peligro para sí misma. Ayer, por ejemplo, se metió en un jardín bastante feo. Si el tal Mike llega a aparecer, se las habría visto color de hormiga para salir bien librada de semejante situación.
- Eso sí que es cierto. ¿Tienes a alguna sospechosa de ser esa misteriosa justiciera enmascarada?
- Una tal Rosa María Valle Quijado. Vive en el bloque en el que vi entrar a la enmascarada, coincide con la descripción física y además puso una denuncia dos semanas atrás en la comisaría de Sol.
- ¿Una denuncia? ¿De qué?
- Un robo. Uno de tantos tirones. Un motorista a toda velocidad le robó el bolso y la señora acabó por los suelos. Al ver que poco o nada se podía hacer en ese caso, quizás decidió tomarse la justicia por su mano.
- Curioso. Podría ser. Por desgracia, todo es solo circunstancial, nada con lo que pudiéramos obtener ningún tipo de orden. La verdad, si no fuera por la presión de los de arriba, dejaba correr este asunto.
- ¿Deberíamos, quizás, insinuarle que podría estar metiéndose en un terreno muy peligroso? Si ese tal “Ojo negro” está por el barrio, deberíamos decirle que, al menos, no se metiera en su zona.
- No sé. Es demasiado complicado todo esto. No lo veo claro del todo. En fin, retírese. Ya pensaremos en algo.
El teniente Rubio cerró la puerta abandonando el despacho de su jefe. Todo aquello le olía a chamusquina. Cierto que no era plan de dejar que una loca anduviera por las calles liándose a guantazo limpio con todos aquellos pequeños delincuentes que se le escapaban a la justicia entre los dedos de la mano por las leyes tan blandas del país. Ya decía el refranero, que hecha la ley, hecha la trampa. Había demasiada gente que aprendía como burlarlas. Era quizás la parte menos agradable de aquel trabajo, una parte de la que nunca se hablaba. Trató de pensar en otra cosa. Tenía mucho trabajo aún por hacer. Se sentó en su mesa, colocó el montón de papeles que tenía desperdigados y desbloqueó el PC. Comprobó los correos. La mayoría denuncias, informes de delincuentes o peticiones de sus jefes. Pero hubo uno recordándole que ya le tocaba donar sangre de nuevo que le hizo sonreír de un modo bastante sarcástico.
- No te jode. La Cruz Roja animándonos a ser héroes y salvar vidas, y nosotros encargados de perseguir a una heroína de verdad. Es para mear y no echar gota.
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