Las dos semanas que tenía de vacaciones pasaron muy rápido. Rosi apenas descansaba, pero disfrutaba de su día a día. Pero ya era su último día libre antes de volver a la rutina laboral, así que decidió que sería un día libre en todos los sentidos. Nada de salidas nocturnas esa noche. Ni entrenamiento. Solo disfrutar de un tranquilo domingo en familia. La verdad, se reincorporaría en una semana bastante buena. Gracias al macro puente de la Constitución y la Inmaculada, aquella primera semana de trabajo solo tendría 3 días laborables. Claro, que seguramente eso causaría que la oficina estuviera prácticamente vacía. Bueno, con algo de suerte, las carreteras también estarían más vacías y tener que coger la nacional 6 desde Moncloa en autobús sería algo menos infernal que de costumbre. Daba gusto circular en Madrid en vacaciones. Con todo el mundo fuera, las carreteras dejaban de parecer la jungla habitual y el tráfico se relajaba bastante. Era de las pocas ventajas que le veía a trabajar siempre en meses como diciembre y agosto. Pero todo tenía un precio. Siempre tenía que estar pidiéndole ayuda a su madre para que se quedara con los peques en esos días de vacaciones escolares. No ganaba lo suficiente como para pagar lo que costaba dejarlos en otro lado y contratar una niñera era absurdo cuando su madre lo hacía encantada y los niños se lo pasaban de fábula en su casa.
El plan de aquel domingo sería por lo tanto, un poco distinto. Lo primero que pensó fue en una tarde de cine. El periodo navideño era época de estrenos de películas de animación. Sabían que había mucho tirón de cine familiar y solía haber bombardeo de ese tipo de películas. Pero aún era pronto para eso. Solían calcularlas para que coincidieran con las vacaciones escolares, y aún quedaban como 3 semanas para eso. Aunque la que estaba por delante debería contar como media semana solo, ya que tenía 2 festivos importantes de por medio.
Rosi empezó a hojear la cartelera. Había oído que habían sacado una película de animación basada en la historia de El Principito, así que buscó si aún estaba disponible. Obviamente, no. Había tardado una eternidad en llegar a los cines españoles y no parecía haber durado demasiado. En España, las películas sin peleas, sexo, desnudos o cosas parecidas solo triunfaban en Navidad, el resto del año, se caían en el olvido. Habría que esperar a que la sacaran en DVD, claro. Lo que sí había eran muchas de brujos, magos y cosas fantásticas. Eso sí tenía éxito. A ella le daban bastante miedo. Creía que había un lado oscuro en todo lo que tuviera que ver con la magia y la hechicería, pero se vendía como algo divertido y alucinante. Incluso se había traído la festividad de Halloween, que nunca había existido en España. Una fiesta que vendía lo divertido que podría ser el convertirte, por una noche, en una criatura de la oscuridad. Aterrador. Se vendía muy bien, con la diversión de los disfraces, el jolgorio, los dulces... pero no dejaba de tener ese oscuro fondo detrás. España parecía ser el país que menos problemas tenía para copiar fiestas en las que el desmadre y el descontrol reinaran. Pero seguro que, cosas como el Día de Acción de Gracias no las copiaría jamás. ¿Dar gracias un español por algo, con el carácter tan orgulloso que siempre había reinado en la península? Por supuesto que no.
En fin, siguió cotilleando películas para ver si encontraba algo digno. Mierda. Todo pura mierda. Solo efectos especiales, mucha espectacularidad, pero huecas por dentro, sin mensaje, sin historia, sin nada nuevo que contar. De todo se debería aprender algo. Pero eso tampoco parecía estar muy de moda. ¿Quizás una de superhéroes, donde el bien siempre triunfa sobre el mal? Bueno, ya bastante tenía con hacer esa labor día a día como para verla a toda pantalla. Cierto que no se parecía mucho a ninguno de los personajes de este tipo de películas. Toda gente demasiado perfecta. Ella seguía teniendo sus miedos, y siempre tenía sus dudas si no se propasaba a veces en sus funciones. Engañaba a su conciencia diciendo que siempre daba una oportunidad para cambiar de actitud a los maleantes, aunque no parecía creer mucho en ello. Y siempre actuaba en defensa propia, ya que eran ellos los que la terminaban tratando de asaltar. Pero ella siempre los provocaba. ¿Eso no contaba acaso? Su conciencia empezaba a ser cada vez más puñetera. Había recobrado poco a poco su voz, acallada por el día a día, silenciada por la gran variedad de excusas y pretextos que la sociedad le ponía al alcance de la mano. Pero, al final, había conseguido ser oída. Hay quien cree que la conciencia es la voz de Dios, tratando de que le escuchemos. Pero nos hemos alejado tanto de él, que ya nos resulta prácticamente imposible entender una sola palabra. Incluso, ni se cree que exista. En los colegios se enseñaba ya la teoría de la evolución formulada por Charles Darwin. ¿Entonces todo era fruto de un azar? ¿Una tremenda cadena de casualidades? Decían que el mundo había perdido la fe, pero hacía falta más fe para creer que una explosión y una larga serie de coincidencias fue el origen de todo, que creer que hubo alguien detrás de todo, que pensó y planeo como diseñarlo y construirlo.
Rosi apagó el ordenador. Nada de lo que veía le convencía. Además, el cine era carísimo. Un atraco en toda regla. Luego se extrañaban los de la SGAE esa de que la gente pirateara las películas. Ella no defendía nada de eso, los delitos, eran siempre delitos, pero le parecía un delito mayor poner unos precios tan abusivos a dos horas de entretenimiento. Entendía que la industria se debía mantener, pero la vida que las estrellas de Hollywood parecían mostrar en televisión, repleta de lujos y sin ningún tipo de carencias, daba mucho que pensar.
Finalmente, decidió que lo mejor era acabar de hacer el Belén artesanal que estaban montando. Si alguien lo veía de fuera, seguramente pensara que era la cosa más fea del mundo, que un Belén de los chinos era lo suficientemente barato como para poder permitírselo. Pero aquel Belén artesanal no era tan solo una forma de ahorrar dinero, sino un modo alternativo de pasar tiempo en familia. En general, se pasaba demasiado tiempo familiar alrededor de la tele. Así que entre eso y luego dar una vuelta por el parque y los columpios, podrían echar la mañana. Y con lo que se había ahorrado por no ir al cine, quizás podrían comer en el centro comercial que había en el barrio. Quizás allí también estuviera el Papa Nöel. Ya que había fracasado completamente en su plan de hacías dos domingos por Madrid centro, podría intentarlo allí. Bastaba con preguntar o simplemente acercarse. Esas cosas solían anunciarlas. Cierto que detrás estaba el afán por vender más, ya que se aprovechaba a comprar más que nunca. ¿Aprovecharían los del centro comercial las cartas de los niños para saber qué debían traer? Sería una gran opción, aunque no se imaginaba quién podría ser capaz de caer tan bajo. Aunque, con tal de hacer negocio, todo valía. Era la ley de la selva.
No salieron excesivamente temprano. Había que dejar tiempo suficiente al sol para que calentara un poco más las calles. La verdad, se había quedado un día estupendo para pasear, ya que no hacía excesivo frio. Últimamente parecía que el invierno retrasaba su llegada, ya eran varios los años en los que, hasta bien entrado diciembre, no empezaban a caer drásticamente las temperaturas.
Habían tenido días de bastante frío, por supuesto, pero nada serio hasta el momento, aunque las noticias siempre dijeran que sí. Al parecer, siempre era noticia que en verano hiciera calor y en invierno frío. Y raro era el año que no escuchaba a alguien decir por ahí que era el verano más cálido en mucho tiempo o el invierno más frío en un montón de décadas.
Aprovecharon el buen tiempo para dar un paseo por el parque Juan Carlos I. Era uno de los parques más grandes y modernos de la capital y no pillaba muy lejos de casa. Un día con mejor tiempo, se podía ir andando tranquilamente hasta el acceso presidido por el abuelo del rey de España, don Juan de Borbón. Pero prefirió coger el bus 104. Quizás fuera más rápido ir en metro, la línea 8 era bastante rápida, seguramente debido a que era la que conectaba con el aeropuerto y había que causar buena impresión a los turistas extranjeros. Al fin y al cabo, España vivía básicamente de la industria del turismo. Y la oferta era muy amplia. Quizás no tuvieran Disneyland, como París, pero entre parques, museos, sitios históricos y demás, había mucho para elegir. Incluso, se sorprendió al ver en la página web de la Renfe visitas organizadas en tren, como una ruta turística a Sigüenza o una visita teatralizada a Alcalá de Henares. De haber andado más boyante, quizás lo habría contratado. Pero la broma le hubiera salido 54 € sin contar la comida, lo que se salía bastante de su presupuesto. Por no hablar de que la salida se realizaba desde Atocha y le pillaba bastante lejos. En cambio, un paseo por el parque saldría mucho más económico. Solo gastarían los billetes de autobús y disfrutarían del aire limpio y puro lejos de los humos de los coches. A los chicos les encantaba ese sitio. Su lugar favorito era el montículo coronado con una especie de O gigante por cuyo agujero querían colarse siempre, pero su madre no les dejaba.
Finalmente llegó la hora de comer. Para redondear el día al aire libre, había traído una mochila con un mantel de plástico y unos sándwiches hechos en casa de distintos sabores, aunque el mixto, el de atún y el vegetal, eran los que más solían triunfar. Se sentaron a la sombra de un árbol y sacó una botella de agua, rellenada del grifo esa misma mañana y tres vasos de plástico con dibujos del ratón Mickey. Eran mucho más caros que los vasos lisos, pero esos se habían agotado en la tienda de al lado de casa. Y bueno, tampoco iba a estar mirando cada céntimo gastado. Si pensaba en lo que se ahorraba por no haber elegido finalmente la opción del restaurante, le compensaba de sobra. Había que ver las cosas así, con optimismo. Había que ver el vaso medio lleno siempre, y el día que lo viera medio vacío, solo tenía que recurrir a sus seres queridos. Con su amor y cariño, siempre, siempre, siempre, lograba volver a llenar ese vaso imaginario.
Redondearon el día con una sesión de cine en casa. Ya que no iba a haber salida al cine, al menos se podía disfrutar de una película en casa. Entre las decenas de películas en DVD que tenían en la librería, terminó cayendo la de Brave, protagonizada por Mérida, una princesa muy poco al uso. Los niños la adoraban y era una película con la que aprender sobre las relaciones familiares. Porque en todos las familias hay peleas y discusiones, pero no hay nada que no se pueda dejar de perdonar si te disculpas sinceramente de todo corazón. El perdón era la única cura a las heridas que recibía el alma. No existía ninguna otra.
De repente, hubo una escena que hizo que Rosi abrirá sus orejas muy atentamente. Habría visto esa misma película como una docena de veces, pero nunca antes había prestado atención a aquella parte como entonces.
- Son bayas de belladona. Son venenosas.
¿Belladona? Sonaba muy bien como posible nombre para su álter ego. No tenía muchos posibles nombres anotados. Hasta ahora, el único candidato había sido Mamma mía. La culpa fue de Abba, seguro. Pero Belladona sonaba bien. Sonaba algo así como “mujer hermosa”, pero si era una planta venenosa... quizás podría hacer un juego de palabras.
- Belladona - pensó - tan hermosa, como peligrosa.
Sí. Desde luego era un buen nombre. Lo apuntó en su bloc, justo debajo del de Mamma Mía, aunque estaba bastante convencida de que sería muy difícil encontrar otro nombre tan genial como ese. Como que, en dos semanas, solo se le había ocurrido aquella tontería de canción como nombre. Pero bueno, no tenía prisa. Al fin y al cabo, era solo una aficionada aprendiendo casi por su cuenta. ¿Y cómo iba a hacerlo si no? No había una escuela de superhéroes en Madrid. Ni en ninguna parte.
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