Continuaba cuestionándose si la decisión que había tomado era la indicada. Seguía leyendo una y otra vez frases como "solo se vive una vez", "vive tu vida al máximo", pero, aunque sonaban emocionantes no podía evitar sentir temor.
—Te encantara Ian, es muy elegante y, lo más importante hay demasiadas buenas opciones si buscas un encuentro de una noche. —notó como el beta dudo al oír eso —No, no, no será mejor que dejes de fruncir ese ceño, cariño necesitas distraerte y, que mejor forma de hacerlo que eligiendo de la selección premium de carne. —añadía Penélope cerrando un ojo en forma de aprobación.
—...Ah tienes razón, vida solo hay una después de todo —declaraba suprimiendo sus dudas conforme avanzaba.
No recordaba cuando había sido la última vez que había ido a un lugar de ese tipo, pero a diferencia de otros lugares, la música se encontraba a un volumen más moderado y, la media luz creaba en el bar un ambiente íntimo, que dejaba ver que el propósito de ese lugar sino ibas a reunirte con amigos, era buscar un encuentro sexual de una noche.
Penélope le había explicado que aquel sitio contaba con habitaciones de lujo para llevar a cabo ese tipo de encuentros, se hallaban en el ala este también conocido como el pabellón púrpura. A lo que le había dicho la beta, el "protocolo" para llevar a cabo el intercambio de placer era sencillo, una de las partes debía dar la señal de manera verbal o con algún gesto, para después dirigirse hacia esa ala. Todo sonaba de forma sencilla y práctica cuando Penélope lo explicaba.
El olor a cigarrillo estaba presente en el aire, no era de sus aromas favoritos, pero tampoco le disgustaba.
—Vayamos a la barra así tendremos mejor vista —decía Sofía quien parecía ser la más entusiasmada.
No percibía feromonas, pero era claro para Ian que las personas que se encontraban en el fondo de aquel salón del lado izquierdo eran alfas. La manera en la que despedían aire de grandeza los delataba, sin dejar de lado su físico, estaba seguro de haber visto incluso el reflejo violeta en algunos de esos ojos.
En medio de la multitud de aquella mesa y bajo la tenue luz, un alfa de cabello negro parecía no despegarle la mirada, logró notar como este se inclinaba hacia adelante cuando sus ojos se encontraron. Aquel par de luceros negros parecían destacar aún en aquella oscuridad, debía de estar alucinando.
—¡Que comience la celebración! —esas palabras habían hecho que los ojos del beta rompieran la unión y se concentrara de nuevo en sus amigos.
—Una ronda de martinis en las rocas, debemos celebrar que por fin decidiste acompañarnos —proclamaba Renee quien era un omega de cabellera oscura.
—Lo siento he estado demasiado ocupado, pero estaré aquí por un largo tiempo así que prometo acompañarlos más seguido —respondía con una leve sonrisa el beta.
—Ahora viene la mejor parte, elegir el mejor steak —decía entre risas Sofía, la única alfa recesiva del grupo.
Se encontraba disfrutando el tiempo con sus amigos, pero de alguna manera se hallaba volviendo a quedar preso de aquellos luceros, cada vez que coincidía mirada con ellos. Quizás podría tener oportunidad de experimentar una noche desenfrenada con el dueño de aquellos enigmáticos ojos.
—En que rayos estoy pensando —murmuró después de que esa idea cruzara por su cabeza, era claro que el alcohol le estaba desinhibiendo.
—Vaya parece que alguien ha logrado captar la atención de ellos. —decía sorbiendo un trago Penélope.
—¿Estás jugando? —el omega dio un vistazo disimulado hacia la mesa —por un momento creí que bromeabas, pero diablos es en serio. Y no cualquiera de ellos, sino del líder.
—Tsss todos ellos son unos engreídos —decía con tono amargo Sofía.
—Jajaja basta Sofía solo lo dices porque rechazaron tu propuesta —exclamaba Penélope entre risas. Ian seguía bebiendo no estaba seguro de hacerlo, pero era claro que si decidía ir hacia aquella mesa necesitaría valor.
—¡Mierda! —exclamó Sofía.
—Diablos uno de ellos viene hacia acá —decía la beta empinándose su trago.
—Cállate Penélope, cállate —susurraba Renee.
—Buenas noches, mi jefe quiere saber si les gustaría acompañarnos.
—Claro, nos encantaría —respondió la alfa sin dudarlo.
—¿¡Qué!?
—Vamos Ian, por favor... nunca nos habían invitado es obvio que es por ti... y tienen el licor más caro que hay aquí. —decía murmurando Sofía.
—Puedes parar con tu adicción de una buena vez —añadía Renee.
—... —el beta seguía analizando las opciones en aquel escenario.
—Por favor —suplicaba haciendo una reverencia —sería un honor si se unen a nuestra mesa.
Le era imposible al beta ignorar los ojos suplicantes de Sofía.
—De acuerdo. —al tiempo que avanzaba sentía como el alfa no le quitaba la vista de encima, era como si lo estuviera desnudando con cada paso que este daba hacia su mesa.
Oía aquellas voces teniendo una amena conversación, pero le era imposible prestar atención. Se hallaba en la orilla de la butaca y aun cuando todos hablaban los luceros oscuros seguían viéndole fijamente.
Tratar de esquivarle la mirada, no era sencillo... no recordaba cuando había sido la última vez que había tenido sexo y, esa noche frente a él le habían colocado un delicioso manjar, servido en bandeja de plata.
—Al diablo —susurró empinándose el vaso de whiskey.
Era un adulto, no le debía explicaciones a nadie... y anhelaba sentir el calor de una piel contra la suya, aunque fuera por una noche. Qué más daba, pues después de esa ocasión no tendría que verle de nuevo, no podía creer lo que estaba a punto de hacer. Ian respiró hondo antes de dejarse llevar.
Se levantó, buscó la mirada del alfa, la manera en la que su boca se curvó mostrando así una ligera sonrisa, dejaba en claro que había entendido el mensaje al encontrarse con los ojos rubíes.
Mantuvo la mirada sobre los luceros negros por unos segundos, para después empezar a ir hacia el ala este.
Conforme avanzaba podía sentir como su corazón se aceleraba, no estaba seguro si el alfa lo seguiría, pero lo averiguaría pronto. La ansiedad que empezaba a hacerse presente debido a la duda rápidamente desaparecía al oír como unos pasos firmes se acercaban a él, debía ser él, al menos eso seguía repitiéndose en su mente. Siguió avanzando hasta llegar al pabellón púrpura, las habitaciones que se hallaban ocupadas tenían una luz roja iluminando la perilla y, las que estaban disponibles mostraban una ligera luz azulada. Se detuvo un segundo antes de abrir una de las suites libres.
Percibió como unos dedos recorrieron la piel expuesta de su espalda, haciendo que esta se curvara conforme avanzaban.
—Debo advertirte que, si abres esa puerta, no va a haber manera en la que pueda contenerme. Así que, si decides hacerlo, espero que estés preparado para ser totalmente devorado.
Su respiración se hallaba agitada, cada palabra que el alfa había pronunciado golpeó su piel de forma cálida. Inhaló profundo para después girar la perilla y entrar a la habitación.
—No enciendas la luz —dijo con voz tenue.
—Mmm preferiría poder apreciarte por completo. —declaraba avanzando hacia el beta.
—Entonces espero que puedas ver bien—decía seleccionando una luz tenue en la habitación.
—Nunca te había visto, ¿es tu primera vez aquí? —el beta asintió, la boca del alfa dejaba ver una leve sonrisa, como si le hubieran entregado un premio. Le acercó con rapidez tomándolo por la cintura. Lamió el blanco cuello haciendo que la boca rosada liberara un gemido. —Es simplemente increíble que una belleza como tú sea un beta.
—¿Te molesta?
—No, por el contrario, me intriga —haló con su pulgar el labio inferior de Ian. —demasiado —añadía para comenzar a devorar los jugosos labios. El sabor de la victoria siempre le resultaba exquisito al alfa, pero aquella noche era aún más dulce. Deseaba seguir saboreando esos labios, profanar las profundidades de esa pequeña boca.
—Mmm —gimió al percibir como la pierna del alfa comenzaba a estimular su entrepierna. Tan solo besarle y sentir su roce habían sido suficiente para que este comenzara a sentir su cabeza ligera.
—Diablos, podría seguir devorándote por días.
—So... solo esta noche. Solo será esta noche. —proclamaba con la respiración entre cortada.
—Entonces no pretendo desperdiciar ni un minuto.
Removió la camisa de Ian con la finalidad de recorrer con sus manos aquella tersa espalda y probar los erectos pezones que parecían hacerle una invitación a que los degustara. La forma en la que la pálida piel se ruborizaba debido a la excitación y la boca no dejaba de gemir le causaba deleite. Metió la mano en la ropa interior y comenzó a estimular el miembro del beta. La boca rosada no paraba de gemir. Aquel tibio y dulce aliento que salía de ella, le atraía, tal como la polilla que es atraída hacia la luz.
Tanto sus labios como su lengua se iban sincronizando con mayor rapidez, podía notar como el cuerpo del beta temblaba, estaba a punto de correrse. Sentía como este intentaba alejarlo, parecía buscar un descanso del placer que invadía su ser, pero no tenía pensado permitírselo. Caminó hacia la cama, depositando al beta sin romper la unión y, siguió estimulándole hasta que los fluidos se derramaron en la palma de su mano.
Se encontraba jadeante recostado en aquel colchón, aquellos luceros negros seguían observándole. Notó como una ligera sonrisa se dibujaba en aquella boca, para después remover su playera. Tatuajes invadían totalmente la clavícula y el brazo izquierdo del alfa, debía ser un gánster. pensó para sí mismo Ian, pero que más daba, sería solo esa noche y no sabría más de él.
—Mírate, tu ropa está hecha un desastre. —proclamaba removiendo el pantalón para dejar expuesta la ropa interior mojada en fluidos. —No te preocupes, no eres mi primer beta así que me aseguraré de prepararte bien antes de penetrarte. —añadía tomando de la mesa al lado de la cama un lubricante. —parece que no has tenido nada de acción últimamente
—Podrías callarte —interrumpió jadeando a al sentir como los largos y gruesos dedos del alfa abrían camino —Tan solo cállate mm.
—Pff —bufó —muy bien si no quieres que hable entonces tan solo me concentrare en este pequeño lugar. —añadía estimulando el punto sensible del beta, haciendo que este soltara un gemido, al sentir una ola de placer recorrer su cuerpo de la cabeza a los pies. —Te has corrido dos veces, será necesario que te alcance. —proclamaba colocándose el condón.
—Solo... solo cie...rra la boca. —aquellos ojos rojo intenso se encontraban envueltos en lágrimas debido a la satisfacción carnal que estaba experimentando.
El alfa comenzó a introducir su miembro y aunque se había asegurado de dilatar apropiadamente al beta, aquella cavidad seguía estando estrecha. Era como si le estrujara.
—Demonios, relájate un poco, siento como si me fueras a cortar el pene. —la manera en la que se aferraba alrededor de su miembro era demasiado, le era casi imposible moverse.
—Es estúpidamente grande, que se supone que haga no pue —el alfa selló aquellos labios con un beso, había notado como el cuerpo del beta parecía derretirse al ser besado con intensidad. No era necesario que se esforzara, ya que en verdad deseaba devorar aquella deliciosa boca.
Comenzó a moverse despacio, conforme la intensidad de aquel beso escalaba. Aunque aún seguía estando estrecho, había sido capaz de introducirse por completo. El beta se encontraba tan inmenso en el éxtasis que, sin darse cuenta, había enrollado sus brazos alrededor del cuello del alfa con la finalidad de acercarlo. Las embestidas se hacían más constantes, llegando cada vez más profundo, estimulando las paredes y puntos dulces de Ian.
Había necesitado tanto tiempo sentir ese placer incontrolable que invadía sin límite su cuerpo, esas olas de electricidad recorriendo su columna haciendo que esta se curvara, el calor aumentando cada vez más para salir de su cuerpo en forma de semen. Necesitaba tanto ese placer, saciar esa hambre, que no quería desperdiciar ni un segundo de aquel encuentro.
Los preservativos usados se iban acumulando en el piso de aquella habitación, la piel del beta que antes se encontraba intacta ahora vestía chupetones y marcas de mordidas alrededor de todo su cuerpo. Su respiración era agitada y jadeaba conforme se movía al montar aquel alfa.
—Agghh mm.
Las inmensas manos se hallaban tocando su anatomía, estimulando su miembro y recorriendo su pecho llegando hasta su cuello.
Aunque había estado con betas antes, era la primera vez que no había logrado quitarle los ojos de encima a uno, no recordaba haber estado con un ser tan hermoso como Ian, tenía miedo a apartar su vista y, que este desapareciera. Aquella tersa y blanca piel, esos ojos color rubí que contrastaban con el tono de su piel y la hermosa cabellera liliácea que caía sobre aquel delicado y estilizado cuerpo, debía de ser un sueño.
Le era imposible escapar del alfa, no solo los luceros negros le seguían sin descanso, de igual forma este se hallaba devorando su boca, dejándolo libre solo cuando no alcanzaba aliento. Y cada rincón de su interior seguía siendo estimulado por el miembro del alfa.
Había perdido la cuenta de cuantas veces se había corrido, las sábanas se encontraban empapadas en fluidos corporales, aun así, ambos seguían buscando placer en el cuerpo del otro. Podía notar como su cabeza se sentía ligera, estaba seguro de que se desmayaría, pero no deseaba dejar de disfrutar de aquel placer, así que aferraba sus uñas a la espalda del alfa, esperaba que de esta manera pudiera durar más tiempo consciente.
Se había embriagado en placer la noche anterior, no recordaba cuando habían parado.
—Diablos —susurró, al ver como el alfa yacía dormido boca abajo a su lado. Le observó por unos segundos, un enorme tatuaje cubría la espalda, sin darse cuenta se encontraba mordiendo su labio inferior, al ver los rasguños que habitaban en ella. Algunas imágenes de la noche anterior se hacían presente, haciendo que su cavidad sintiera un ligero cosquilleo como si pidiera experimentar de nuevo aquel placer.
Sacudió su cabeza y se apresuró a vestirse, debía salir de ahí. Aquella aventura había finalizado, con los rayos del sol de la mañana y, él debía volver a su mundo.
La sensación de frío de alguna manera parecía invadir la cama, haciendo que el alfa despertara.
—Pff —bufó —así que esto es todo lo que obtengo —exclamaba tomando una pequeña nota adhesiva que el beta había dejado en la almohada.
—Gracias, la pasé bien... tienes un gran paquete y, unos lindos tatuajes.
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