Era ridículo. ¿Desde cuándo un simple rumor tenía tanto poder?
Se pasó una mano por la nuca mientras avanzaba por el pasillo. Sabía que las miradas aún lo seguían, pero ya no sentía la necesidad de acelerar el paso ni de fingir que no las notaba. No después de lo que había pasado el día anterior.
Iván lo había defendido. No solo con palabras, sino con su presencia, con la forma en que se plantó entre él y los imbéciles que lo molestaban, con aquella mirada feroz que dejó en claro que, si alguien quería meterse con Bruno, tendría que pasar primero por él.
Bruno no entendía por qué había hecho algo así. No eran amigos. Apenas se soportaban y, sin embargo, Iván se había lanzado de cabeza al problema sin dudarlo, sin importarle lo que otros pudieran pensar, como si de verdad le importara. No podía dejar de pensar en eso.
Sebastián y Camilo se habían enterado de lo sucedido. Al principio, creyeron que era otro estúpido rumor, hasta que Bruno les confirmó que era real. No es que estuviera saliendo con Iván en verdad, pero sí era cierto que el rubio lo había defendido desviando el primer rumor con otro. Sus amigos no estaban muy contentos, aunque en parte agradecían la estupidez de Iván, ya que al menos con ello había confirmado que no era el culpable de la desgracia de los primos. Sin embargo, los tres temían cómo reaccionaría Garam.
Por supuesto que Bruno quería hablar con ella antes de que le llegara el rumor, pero no era fácil. Cuando entró al salón, su mirada buscó a Iván casi por instinto. Lo encontró en su asiento de siempre, con los audífonos puestos y la cabeza apoyada contra la pared. Parecía dormido, pero Bruno sabía que no lo estaba. Había aprendido a notar la diferencia.
Se mordió el labio, indeciso. Algo en su pecho se sentía raro, inquieto. No era molestia ni incomodidad… era algo más suave, más difícil de nombrar. Una especie de alivio y seguridad, pero sacudió la cabeza y caminó hasta su lugar. No tenía sentido pensar demasiado en eso. Iván no había hecho lo que hizo por él, no de verdad. Seguro solo quería callar a los idiotas que lo fastidiaban porque su orgullo de macho alfa no podía soportar que alguien en su círculo fuera blanco de burlas. Sí, tenía que ser eso. Debía ser por ayudar a Garam.
Aun así, cuando Iván abrió los ojos y lo miró de reojo, Bruno sintió que la inquietud en su pecho se intensificaba y, por primera vez en mucho tiempo, no le molestó estar frente a él. No entendía por qué sus mejillas se sentían calientes, y en silencio se sentó en su pupitre frente a Iván.
Intentó ocultar su sonrisa cuando vio la notificación de @kaisen12 titilar en la pantalla de su teléfono. No decía mucho, solo un “Suerte hoy en la universidad”, pero fue suficiente para hacerlo sentir que realmente podría soportar todo lo que estaba pasando. Claro, eso hasta que Iván, quien se había inclinado hasta él, clavó su mentón sobre su hombro, respirando tan cerca de su cuello que lo hizo estremecer.
En un rápido reflejo, volteó su teléfono sobre la mesa y lo miró de reojo, dispuesto a reprocharle.
—¿A quién le sonríes así, cariño? ¿Me estás engañando? —dijo Iván en ese tono entre burlón y juguetón, poniendo aún más nervioso al castaño.
—Cállate.
—Oh, vamos, no olvides que estamos saliendo —murmuró aquello último antes de acomodarse de nuevo en su asiento con una sonrisa evidente. Iván estaba más que seguro de que había visto bien.
—¿Acaso esperabas que te saludara con un beso? —Bruno se sentó de lado para poder mirarlo mientras reposaba los brazos sobre la mesa de Iván—. Qué pesado.
—Podrías ser más lindo con tu novio.
Bruno puso los ojos en blanco y dejó escapar una suave risa. Era completamente absurdo que la misma persona que solía llamarlo maricón ahora estuviera haciéndose pasar por su novio. En verdad no podía entender la locura de Iván.
—No seas pendejo, amor —respondió con una dulzura fingida.
Se volvió a acomodar en su asiento cuando ingresó el profesor de turno, e Iván entrecerró los ojos mientras leía los mensajes en su celular. Jay le había pasado la información del administrador del foro donde se había iniciado el rumor sobre Bruno. No fue fácil de rastrear, pero Jay tenía sus métodos.
"No me preguntes cómo lo conseguí. Solo no hagas nada estúpido, Iván."
Pero Iván no estaba de humor para promesas que no pensaba cumplir. Sabía que esto no iba a cambiar lo que ya había pasado, pero necesitaba una cara, un nombre. Alguien que pagara por haber arruinado la vida de Bruno.
Se aseguró de que Bruno estuviera con sus amigos antes de salir. No quería dejarlo solo en la universidad rodeado de un montón de idiotas. Así que, cuando lo vio junto a Sebastián y Camilo, se fue lo más rápido que pudo. Bruno lo siguió con la mirada hasta que desapareció por la puerta. No entendía por qué Iván lo inquietaba tanto ni por qué, a pesar de todo, no podía dejar de pensar en él.
Cuando Iván llegó al pequeño café donde había acordado el encuentro, localizó rápidamente a su objetivo: un chico delgado con gafas y una chaqueta de mezclilla, sentado en una mesa junto a la ventana. Miraba su teléfono con aire aburrido, sin notar la presencia del rubio hasta que este tomó asiento frente a él.
El chico levantó la vista y frunció el ceño.
—¿Tú quién eres?
Iván se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.
—Sabes quién soy y por qué estoy aquí.
El administrador del foro parpadeó rápido, nervioso. Había sido engañado por Jay y no esperaba encontrarse con otro chico igual de intimidante. Aunque Iván no tenía intención de golpearlo, su rostro serio parecía decir lo contrario.
—No sé de qué hablas —balbuceó, desviando la mirada.
Iván sacó su teléfono y puso en pantalla una captura de la conversación filtrada donde se había originado el rumor. Deslizó el dispositivo sobre la mesa y lo empujó hacia él.
—Esto salió de tu foro. Tú lo permitiste y ahora quiero saber quién lo publicó primero.
El chico miró la pantalla y luego a Iván. Sonrió con un deje de arrogancia.
—Así no funcionan las cosas, amigo. No puedo revelar información de mis usuarios así como así.
El rubio apoyó las manos sobre la mesa y se inclinó apenas hacia él.
—No me hagas perder el tiempo —replicó con voz baja y peligrosa—. Porque si no me lo dices aquí, voy a encontrar otra manera de averiguarlo y no te va a gustar.
El administrador tragó saliva y se aferró a la mesa, notoriamente nervioso. Parecía debatirse consigo mismo.
—Mira, no es que quiera meterme en problemas…
—Ya estás en problemas —lo interrumpió Iván con frialdad.
El chico soltó un suspiro y deslizó el dedo por su teléfono.
—Lo único que puedo decirte es que la persona que empezó todo esto es estudiante de artes escénicas. Una chica de segundo año, si no me equivoco.
Iván sintió que un nudo se formaba en su estómago.
—¿Nombre?
—Te dije que no puedo…
—¿De verdad crees que no puedes? —cuestionó Iván, molesto, apretando el puño sobre la mesa.
El administrador dudó un momento más antes de responder.
—Dios mío, se apellida Morales, ¿bien?
Iván apretó los dientes, furioso. El chico se aterrorizó al ver su reacción, creyendo que en cualquier momento recibiría un golpe. Pegó un salto cuando el rubio se puso de pie de golpe, tomando su teléfono de vuelta.
—Si vuelvo a ver algo parecido en tu foro, me aseguraré de arruinarte.
El administrador solo asintió, sin atreverse a decir nada más. Iván salió del café con el corazón latiéndole con fuerza. Ahora solo quedaba una cosa por hacer: averiguar quién, entre las compañeras de Garam, había hecho esto y hacerla pagar.
Mientras caminaba de regreso a la universidad, la rabia seguía bullendo en su pecho, pero debajo de ella había algo más. Algo que lo inquietaba más de lo que quería admitir. Desde el principio, él no tenía ninguna obligación de meterse en esto. Sin embargo, lo había hecho sin medir consecuencias. Se pasó una mano por el rostro y soltó un resoplido.
Bruno apenas había tenido un respiro en todo el día cuando Garam lo interceptó en el pasillo. Su prima lo miraba con los brazos cruzados y el ceño fruncido, claramente lista para una confrontación.
—¿Es en serio, Bruno? —espetó sin rodeos.
Él soltó un suspiro, ya anticipando por dónde iba la conversación.
—Estamos en la universidad, Garam —respondió con cansancio.
—No te hagas el desentendido —lo señaló con un dedo acusador—. ¿Desde cuándo tú e Iván son "pareja"?
Bruno chasqueó la lengua y miró a su alrededor. Afortunadamente, la mayoría de los estudiantes estaban demasiado ocupados con sus propios asuntos como para prestar atención a su discusión. Quería hablar con ella, pero temía alimentar el rumor del incesto si se encontraban de ese modo frente a todos.
—No estamos juntos —contestó con firmeza—. Es un malentendido.
—¿Un malentendido? —Garam alzó una ceja—. ¡Toda la escuela cree que están saliendo! ¿Y sabes quién también lo cree? Mi clase. Y te aseguro que no ha sido divertido. Apenas hoy dejaron de mirarme como si tuviera una enfermedad contagiosa.
Lo entendía, pero le molestaba que lo atacara sin siquiera preguntarle qué había pasado en realidad.
—Lo sé —dijo con seriedad—. Y deberías estar agradecida porque hasta ayer tú eras el blanco de esos imbéciles. Ahora, al menos, han dejado de molestarte y venir a buscarme solo empeora las cosas.
Garam parpadeó, desconcertada. Parecía querer responder de inmediato, pero se detuvo al notar la convicción en su voz.
—¿Entonces lo hiciste por eso? —preguntó, aún dudosa.
Él asintió, tomándose un momento antes de responder.
—No sé exactamente qué gana Iván con esto —admitió, encogiéndose de hombros—, pero si decir que somos pareja evita que sigan fastidiándonos a ambos, entonces qué más da. No me interesa lo que piensen los demás.
Garam suspiró y se pasó una mano por el cabello, como si intentara ordenar sus pensamientos.
—No puedo creer que esto esté pasando —murmuró—. ¿Y ahora qué? ¿Van a fingir que realmente están juntos?
—No tengo idea. Pero al menos ya no me llaman incestuoso. Eso es ganancia. —Respondió con una risa forzada.
Ella lo observó por un largo momento antes de negar con la cabeza, resignada.
—Solo… ten cuidado, ¿sí? No sé qué se trae Iván entre manos, pero esto no parece algo que haga por simple caridad.
Bruno rodó los ojos, pero no pudo evitar preguntarse lo mismo. Aun así, por ahora, prefirió no pensar demasiado en ello. Se pasó una mano por el cabello, inquieto. El murmullo constante de la universidad lo envolvía, pero él solo escuchaba el latido acelerado de su corazón.
—Garam, creo que es hora de que vuelvas a tu departamento.
—Lo sé, lo siento… supongo que por ahora no podremos almorzar juntos.
El castaño asintió en silencio y se alejó por otro camino en busca de Camilo.
Desde que el rumor se había transformado en un chiste sobre su supuesta relación con Iván, ya no lo molestaban… pero la idea de que todos asumieran que era gay lo carcomía. Había pasado años controlando cada detalle, asegurándose de que nadie supiera demasiado de él. Y ahora, por una mentira improvisada, todo ese esfuerzo parecía derrumbarse.
Pero, por ridículo que sonara, no era peor que la acusación de incesto. Aun así, le costaba dejar atrás lo que había vivido en la preparatoria.
—Bruno.
La voz de Tomás lo sacó de su ensimismamiento. Su “amigo”, si es que aún podía llamarlo así, lo observaba con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Había una mezcla de enojo y desconcierto en su mirada.
—¿Qué quieres? —Bruno suspiró, sin ánimos para otra confrontación.
—¿Qué qué quiero? —Tomás dejó escapar una risa seca—. ¿En serio vas a preguntarlo? ¿Desde cuándo sales con Iván? ¿Por qué no me dijiste nada?
—Porque no te importa —respondió con frialdad—. ¿Crees que Garam no me lo dijo?
Tomás lo observó en silencio durante unos segundos.
—Pero él…
Bruno apretó la mandíbula. Le hervía la sangre que justo él le reclamara, como si tuvieran algo especial, cuando ni siquiera había sido capaz de comunicarse con él en todos estos días. Ni una llamada, ni un mensaje. Ni siquiera la decencia de preguntarle si estaba bien.
—¿Por qué no hiciste nada cuando me estaban destrozando con ese rumor? —soltó con amargura—. No esperaba que me defendieras, Tomás, pero al menos podrías haber dicho algo. Nos ignoraste a mí y a Garam. Ni una sola palabra de apoyo. Nada. Y ahora vienes a reprocharme como si tuvieras derecho.
El rostro de Tomás se tensó. Trató de decir algo, pero Bruno no le dio oportunidad.
—Preferiste alejarte para que nadie te relacionara con nosotros. No querías que te llamaran “el amigo del incestuoso”, ¿verdad?
—Bruno, no es así…
—Sí lo es. No me vengas con excusas ahora —sacudió la cabeza, frustrado—. ¿Sabes qué? No necesito que me entiendas. Solo déjame en paz.
—Bruno, yo… —intentó decir algo, pero fue interrumpido por una voz detrás de él.
—Él sabe perfectamente por qué no hizo nada —dijo Iván con una sonrisa torcida, pasando un brazo por los hombros de Bruno y atrayéndolo hacia él con naturalidad.
El pelirrojo se tensó al instante.
—¿De qué hablas? —masculló.
—Oh, vamos, Tomás. ¿De verdad quieres hacerte el idiota? —Iván ladeó la cabeza, disfrutando del momento—. Fuiste tú y tu gran bocota los que comenzaron todo esto, ¿no? Tal vez no fue intencional, pero gracias a que no supiste callarte, alguien más escuchó sobre Garam "saliendo" con su primo y, sin dudarlo, lo difundió.
Tomás perdió todo el color del rostro. Sus manos temblaron cuando se encontró con la mirada de Bruno, quien esperaba, con una última pizca de esperanza, que lo negara.
—Eso… eso no es cierto —balbuceó, pero la inseguridad en su tono lo delató.
—Sí lo es —afirmó Iván, sin soltar a Bruno—. Y lo peor es que sabías que habías metido la pata, pero en lugar de arreglarlo, te hiciste el desentendido. No moviste un solo dedo para detenerlo.
Tomás apartó la mirada, el peso de la culpa cayendo sobre él.
Bruno sintió su corazón latir con fuerza al escuchar la verdad sobre por qué Tomás se había alejado. Lo miró, decepcionado, pero ya sin ganas de discutir.
—Vete —murmuró.
Aunque Tomás no se movió, Iván se llevó a Bruno con él. Su cuerpo temblaba, y el atleta lo supo de inmediato: ya era suficiente por hoy. No quería verlo lastimarse más, pero, en el fondo, sintió alivio al alejarlo de Tomás.
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