El fin de semana había terminado de la peor manera posible para Iván. No podía dejar de pensar en las palabras de Bruno. Los recuerdos de aquel día en que lo había visto besarse con Tomás lo atormentaban, al igual que sus propios sentimientos hacia el castaño. Era difícil reconocer que estaba celoso. Difícil de aceptar que, en el fondo, se alegraba de que Bruno no fuera el novio de Garam.
Entonces se preguntó si Bruno era gay de verdad, como antes se decía en la preparatoria. No iba a negar que tenía toda la pinta, y recordaba perfectamente que él no se había alejado cuando lo besó aquel día en su casa, no hasta que Garam los interrumpió. Tal vez, si ella no hubiera llegado, habría obtenido más respuestas y el recuerdo revivió en su mente aquellas palabras: “Se te olvidó que besaste a este maricón”, pero no estaba seguro de si se trataba de una afirmación o si Bruno hablaba con ironía al estar molesto con él.
Como si eso no hubiera sido suficiente, el lunes al volver a clases Iván se dio cuenta de que cierto rumor en particular se había esparcido como pólvora por los pasillos de la universidad. Un escándalo tan absurdo como morboso. No era del tipo de persona que prestara atención a los chismes, pero no pudo evitar escuchar los susurros entre los estudiantes.
"Dicen que son primos."
"Que él está en el departamento de ciencias y ella en artes."
"Pero los han visto juntos demasiado, y no en plan de familia."
"Se besaron. Alguien los vio."
Esas palabras iban acompañadas de odio y risitas mal disimuladas, miradas curiosas y expresiones de asco. Apretó los puños dentro de los bolsillos de su chaqueta, sintiendo cómo la frustración le subía por la garganta.
No entendía por qué le molestaba tanto.
Tal vez era porque sabía que estaban hablando de Bruno y Garam. No había nada entre ellos, pero ¿quién les creería ahora después de haber jugado a los novios por una estupidez? No estaba enojado por el engaño, en parte entendía las razones de Garam, y aunque él no era el protagonista del chisme, el malestar lo carcomía.
No dijo nada. Solo siguió caminando, fingiendo indiferencia mientras una lluvia de pensamientos le hacía latir la cabeza. La forma en que los demás se miraban entre sí, buscando a un culpable, lo hacía sentir enfermo.
¿Por qué demonios le importaba tanto?
El problema era que, por más que intentara racionalizarlo, no encontraba una respuesta que le gustara. ¿Era por Bruno? ¿Por lo que significaba todo aquello? Se suponía que no debía afectarle, que lo correcto era ignorarlo, pero la incomodidad se instalaba en su pecho como un peso difícil de sacudir. Quizá no le preocupaban los rumores en sí, sino la posibilidad de que Bruno sí estuviera herido por ellos.
Por otro lado, Bruno entró al aula con la cabeza gacha, intentando no prestar atención a los susurros a su alrededor. Sabía que estaban hablando de él. No era difícil darse cuenta cuando cada paso que daba parecía arrastrar un murmullo diferente. Se sentía observado y ahogado. Sabía que tenía que resistir, que tal vez no iría tan lejos, pero ya había vivido esto antes. El terror del recuerdo le helaba la sangre.
—¿Lo viste? Dicen que está en Ciencias —escuchó a una chica decir.
—¿Será compañero nuestro? —alguien más le siguió.
—¿De verdad son primos?
El miedo le recorrió la espalda y se esforzó por mantenerse calmado, repitiéndose que, mientras nadie supiera quiénes eran, estaría bien. Los rumores iban y venían en la universidad todo el tiempo; pronto se olvidarían de este… o eso pensó, hasta que recibió un mensaje de Camilo.
"Bru, por favor, revisa el foro. Ahora."
Bruno sintió un baldazo de agua helada caerle de golpe. No necesitó entrar al foro para saberlo, porque las miradas de sus compañeros, clavadas en él, fueron suficiente. Entonces, uno de sus compañeros hizo los honores y leyó en voz alta lo que él se negaba a confirmar.
"¡ATENCIÓN A TODOS! El chico del rumor es Bruno Lombardi, de segundo año de Biología, y la chica es Park Garam, de Artes Escénicas."
Sintió la sangre abandonar su rostro. Ahora todos lo sabían. Se sintió como un estúpido por no haber huido apenas comenzaron los rumores. Era como revivir su peor pesadilla, y no estaba preparado para esto. Ahora no podía escapar como lo había hecho en la preparatoria.
¿Por qué demonios creían en un estúpido foro?
—Mierda… —susurró.
Desde la puerta del aula, Sebastián y Camilo lo observaban con el ceño fruncido. No eran tontos; sabían que esto era grave y, por la expresión de terror de Bruno, supieron que no podían quedarse al margen. Sebastián le dio un codazo a Camilo antes de hablar:
—Tenemos que hacer algo.
Camilo asintió con una mirada seria. No podía creer que otra vez estuviera pasando, pero en un contexto que consideraba muchísimo peor.
—Vamos a sacarlo de aquí.
Bruno no podía moverse sin sentir miradas encima, sin escuchar risitas contenidas o cuchicheos a su espalda. Quería salir corriendo, no volver a pisar ese lugar nunca más, pero la semana de exámenes lo ataba ahí. Desde que el rumor explotó, no dejaba de pensar en que todo había salido a la luz justo después de su discusión con Iván y esperaba no cruzarlo, pero era inútil, ya que ambos compartían la mayoría de las cátedras, como si fuera un castigo.
—Bruno.
Levantó la mirada y vio a Sebastián y Camilo, ambos con expresiones serias.
—Te ves horrible —comentó Camilo, cruzado de brazos.
Bruno soltó una risa seca.
—Gracias. Justo lo que necesitaba escuchar.
Sebastián suspiró y le dio una palmada en la espalda.
—No tienes por qué quedarte más tiempo aquí. Vámonos.
Él negó con la cabeza.
—Tengo que estudiar…
—Y lo harás —lo interrumpió Camilo—, pero en otro lado. No puedes concentrarte aquí con toda esta mierda.
Bruno miró a su alrededor. En cada esquina había alguien susurrando o lanzándole miradas. Su pecho se apretó. No podía respirar bien.
El aire en el aula se sentía espeso, cargado de tensión y burla disfrazada de curiosidad. Cada murmullo lo envolvía como un eco de algo mucho más grande, más aterrador. Sus manos temblaban sobre la mesa, y su vista se nubló un instante. Sabía que no debía darles el gusto de verlo quebrarse, pero la presión era insoportable. Una parte de él quería aferrarse a su rutina, pretender que nada pasaba. La otra, más fuerte, le suplicaba que saliera de ahí antes de que fuera demasiado tarde.
—Vamos —insistió Sebastián, tomándolo del brazo con firmeza, pero sin brusquedad—. Te llevaremos a un lugar tranquilo.
Bruno dudó, pero cuando notó a Iván asomarse por la puerta, sintió que le faltaba el aire. Sin decir una palabra más, dejó que sus amigos lo guiaran fuera del aula y de la universidad. Aunque el problema no desapareciera, al menos por un rato podía alejarse de todo.
Iván sintió una punzada incómoda en el pecho cuando vio a Bruno desaparecer por los pasillos acompañado de sus amigos. Apenas había visto el último posteo del foro, había corrido al salón a buscarlo, como si pudiera solucionar el problema con solo aparecer. Pero era obvio que buscaría refugio en sus amigos.
Y aunque decidió no decir nada que pudiera empeorar la situación, no pudo soportarlo cuando, al día siguiente, Bruno apareció con la mirada triste y cansada. Habría entendido si su expresión se debía al estrés de los exámenes, pero esos ojos hinchados lo decían todo.
Quería hablarle, quería poder decirle que también podía contar con él, pero por la manera en que Bruno lo evitaba y lo analizaba con mala cara, Iván entendió que sospechaba de él. No podía culparlo. Era demasiada coincidencia. Pero tampoco podía soportar que creyera que él era el responsable de aquella basura.
—Joder… —murmuró, pasándose una mano por el rostro antes de girarse hacia sus amigos. Jay, Elías y Mauro lo miraban con atención, esperando a que hablara. Estaban en la cafetería, y ninguno del grupo de Bruno estaba allí, ni siquiera Garam.
Nunca había sido el tipo de persona que expresaba sus sentimientos con facilidad, pero esta vez era distinto. De alguna forma, necesitaba ser escuchado, aunque temía las estupideces que pudieran decirle.
—Esto es una mierda —soltó, sin más—. Bruno no tiene la culpa de nada y ahora todos lo están señalando como si fuera un maldito delincuente.
Jay levantó una ceja.
—Vaya, ¿y desde cuándo te importa tanto lo que le pase?
Iván frunció el ceño y las palabras se le atoraron en la garganta. Por primera vez, no quería mentirse a sí mismo. Ya no podía seguir solo en esto.
—Desde siempre —admitió, bajando la mirada por un segundo antes de soltar el aire con frustración—. No puedo verlo así. Está… jodido, y lo peor es que cree que fui yo quien empezó todo esto.
—¿Y no fuiste tú? —preguntó Elías, cruzado de brazos. Los tres le clavaron la mirada con desconfianza. No podía creerlo, pero tampoco podía indignarse del todo.
—¡Claro que no! —exclamó Iván, exasperado—. Sí, discutimos, pero jamás haría algo tan bajo.
El silencio se extendió entre ellos, hasta que Mauro habló.
—Entonces encuentra al responsable.
Iván lo miró, confundido.
—¿Qué?
—Si quieres que Bruno deje de verte como el enemigo, haz algo al respecto —Mauro se encogió de hombros—. No eres el único que se ha dado cuenta de que está hecho mierda. Si realmente te importa, ayuda a limpiar su nombre.
Iván apretó los puños.
No sabía qué esperaba de esta conversación, pero no se había imaginado que sus propios amigos lo empujarían a tomar acción. Y, sin embargo, no pudo encontrar una sola razón para negarse.
—Está bien —asintió, con decisión—. Voy a averiguar quién empezó esta mierda.
Jay bajó un poco la voz antes de preguntar:
—¿De verdad es el primo de Garam?
Iván se limitó a asentir. Se miraron entre ellos, esperando una respuesta.
—Pero no están saliendo, solo… ella lo usó para que yo…
—Oh, vaya… —suspiró Mauro, negando varias veces con la cabeza.
—Me enteré unos días antes de que todo estallara. ¿Entienden por qué él cree que fui yo?
Por primera vez en mucho tiempo, a Iván no le importó admitir cuánto le afectaba lo que le estaba pasando a Bruno.
—¿No deberías estar enojado? —preguntó Jay.
—Sí, pero… mierda, Bruno de verdad me importa, ¿sabes?
Los tres se quedaron en silencio. Elías notó que algo había cambiado en Iván. Su mirada, la forma en que hablaba, todo en él lo delataba. Era obvio que Bruno le importaba más de lo que alguna vez le importó Garam. Y lo reconocía porque sabía cómo se sentía estar en ese estado de negación.
—Deberías empezar por buscar al administrador del foro —dijo finalmente.
—¿El administrador del foro? —Jay arqueó una ceja mientras jugueteaba con su comida.
—Tienes razón —respondió Iván, con el ceño fruncido—. Si alguien sabe de dónde salió todo esto, es él.
Elías clavó los ojos en Jay, quien suspiró, metiendo las manos en los bolsillos.
—Mira, tengo contactos, pero ese tipo no suelta información así como así.
—No me importa lo que cueste, necesito saber quién está detrás de esto.
Jay lo miró de reojo, con una media sonrisa.
—Nunca te había visto tan involucrado en algo que no fuera tu propia mierda.
—Cállate —bufó Iván—. Solo hazlo.
Jay se rió, pero sacó el teléfono y se puso a trabajar. Iván sintió un nudo en el estómago. No solo quería limpiar su nombre, sino también el de Bruno. Porque, aunque le costara admitirlo, le importaba más de lo que nunca había querido aceptar.
Mientras tanto, deslizó la pantalla de su propio teléfono hasta encontrar la última conversación con @bear_03. Aún no estaba seguro de que fuera Bruno, pero pensó en volver a escribirle y si tenía razón sobre su identidad, entonces también sería la oportunidad perfecta para confirmarlo, y así podría consolarlo sin que se diera cuenta de quién era.
Suspiró, indeciso. No quería hacer las cosas peor, pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados cuando quizás tenía la solución frente a sus ojos.
El ambiente en la universidad se había vuelto sofocante, pero más allá de eso, le dolía ver a Garam así: angustiada, con los ojos rojos de tanto contener las lágrimas. Bruno se pasó una mano por el cabello, frustrado. Toda esta situación lo estaba superando. Sabía que ella tarde o temprano vendría a su casa para hablar al respecto, puesto que en la universidad debían ignorarse.
—Lo siento tanto, Bru… —susurró ella—. No quería que esto pasara. Sé que a mí también me están atacando, pero tú…
—No es tu culpa.
—Sí lo es —Garam mordió su labio, con la mirada perdida—. Hay gente en teatro que me odia, que lleva meses buscando cualquier oportunidad para arruinarme. No debí haber creado esta farsa… Lamento que debas pasar por esto otra vez.
Bruno la observó en silencio. No le sorprendía que Garam tuviera enemigas; siempre había sido una persona fuerte y talentosa, lo suficiente para despertar envidia. Pero tampoco podía descartar a Iván. Aunque últimamente su relación había sido más amistosa, en aquella discusión él le había revelado que Garam era su prima.
—Sea quien sea, lo averiguaremos —aseguró—. Y aunque sea complicado, hay que aclarar este malentendido. Para empezar, Iván ya lo sabía desde antes.
Garam alzó la vista, sorprendida.
—¿Cómo?
—Me atrapó besándome con Tomás el viernes pasado. Entonces… tuvimos una pequeña discusión y tuve que decirle la verdad.
Ella se quedó en silencio un momento, procesando la información, antes de negar con la cabeza.
—Bruno, Iván no haría esto. Estoy segura.
Parte de él quería creerlo, pero el rumor había explotado justo después de su pelea. No podía ignorar la coincidencia. Aun así, lo único que podía hacer ahora era aguantar unos días más. Solo unos días más antes del receso invernal.
—¿Y Tomás…? —Bruno titubeó, sin poder encontrar las palabras correctas. Después de todo, aquel fin de semana ni siquiera volvieron a verse. Las palabras habían quedado en el aire. No podía darse el lujo de tener una cita después de haber discutido de esa forma con el rubio.
—Vaya… ahora que lo mencionas… —Garam se mostró algo incómoda, como si no quisiera tocar el tema—. Desde que estalló todo, no me ha hablado.
—¿Qué?
—No sé, de alguna forma las cosas están… raras. Carla siempre está a mi lado, pero sorpresivamente Tomás se alejó de nosotras y ni siquiera nos mira.
Bruno no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Acaso le estaba dando la espalda a su mejor amiga? Él sabía la verdad, no tenía sentido que actuara de la misma forma que todos. No podía entenderlo, pero tampoco quiso decir nada; no quería herir más a su prima. Ella estaba realmente afectada con todo esto, al igual que él.
Miró a Garam y, por primera vez, notó lo agotada que estaba. Había sido fácil centrarse en su propio sufrimiento sin ver cuánto estaba cargando ella también. No solo eran los rumores: era la traición de la gente en la que confiaba. Sin decir nada, se acercó lo suficiente para rodearla con un cálido abrazo. No solucionaría nada, pero esperaba que al menos le recordara que no estaba sola.
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