Yun
Hans y Jasper en el mismo lugar es una receta para el desastre. No tardo en enterarme de que Jasper fue citado en el despacho de mi prometido. Hannah no es tonta, me llamó aterrada por su hermano. Siempre intenta sacarme información sobre a qué estoy jugando con él, pero no me atrevo a responderle. Sin embargo, de algún modo, la preocupación me hace doler el estómago. No tengo miedo de que Hans haya notado nuestro juego de tira y afloja, después de todo, él se da el lujo de jugar con otros omegas aun cuando me tiene cautivo en este compromiso.
Pero Jasper… él no tiene nada que ver en esto. No quiero que lo moleste a él. Así que, como si mis pies se movieran solos, me dirijo inmediatamente al punto de encuentro de estos dos. Hago el amague de entrar, pero antes, decido escuchar un poco de su conversación.
Es breve, no parece que Jasper necesite mi ayuda. Así que cuando sale del despacho, no pierdo la oportunidad.
—Vaya, ¿te habló como si fueras un insecto o solo me pareció?
Jasper bufa, todavía viéndose irritado. Huele a las asquerosas feromonas de mi alfa, y no es que me ponga celoso, pero se siente mejor cuando huele a mí. Impulsivamente, acaricio al rubio con mi aroma y él levanta la mirada para sonreírme, a pesar de estar fastidiado.
—¿Siempre es así de encantador?
Sonrío con un deje burlón y me acerco un poco más para olerlo. Quiero asegurarme de que no quede ni un rastro de Hans en él.
—Contigo, tal vez más. Creo que no le gusta tu estilo de trabajo.
—¿Mi estilo?
Me inclino un poco, como si le confiara un secreto. Humedezco sutilmente mis labios al estar tan cerca de su oído y lo miro de reojo. Es frustrante tener que pararme de puntillas para estar a esta distancia. Estúpido omega dominante.
—Ya sabes, un trabajador insolente, desobediente y provocador.
Jasper me sostiene la mirada con la mandíbula apretada. Pego un pequeño salto cuando siento su mano sobre mi cintura, me tambaleo, pero él afianza el agarre.
—¿Y a ti?
Le sonrío con dulzura y busco apoyo con mis manos sobre sus hombros.
—A mí me encanta.
Se me escapa en voz alta y su expresión se tensa. Sé que lo estoy provocando y muerdo el interior de mi mejilla al sentir ese inevitable calor que me enciende. Sé que esto es peligroso, y no sé por qué lo disfruto tanto.
Así que, sin perder mi sonrisa ni la calma, separo nuestros cuerpos con total delicadeza para que no sienta que lo rechazo y me acerco a la puerta del despacho de Hans.
—Nos vemos luego, Jasper.
Él se queda parado sin decir nada al verme entrar ahí. La puerta se cierra lentamente, aun así, sé que vio la manera en que Hans me estaba esperando en mitad de su despacho. Ve cómo me toma con ambos brazos y es espectador de la forma en que ese alfa me besa sin mi consentimiento. Mi cuerpo se tensa del asco, pero esto es lo que soy, y no puedo escapar de este destino al que me tengo que acostumbrar.
No quiero siquiera voltearme, a pesar de que ya no siento la mirada intensa de Jasper. La vergüenza me consume. Hans no dice nada, pero su instinto se lo advierte. Sabe que está pasando algo que él no puede ver. Y dudo que se quede de brazos cruzados cuando tenga pruebas de lo que su mente maquina. Sin embargo, tendrá que prepararse, porque yo no tengo intenciones de dejar de jugar con ese omega dominante.
Aunque, por primera vez, una duda me golpea con fuerza. ¿Hasta dónde puedo empujar a Jasper antes de que él también se rompa? Me divierte verlo frustrado, retarlo, sentir su desesperación cuando cree que me escapo de sus manos, pero… si algún día decide que no vale la pena perseguirme, ¿qué haré? ¿Seguiré con este juego si en algún momento deja de buscarme?
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