Yun
Hans quiere que la boda sea pronto. Me toma por sorpresa lo que dice anoche, con su tono calmado y su mirada calculadora. No es una petición, es una decisión. Por supuesto, una decisión unilateral, y eso sí que no me sorprende. Creo que habla con sus padres al respecto, por eso ahora está desesperado. Sé que ellos son peores que los míos, pero no es mi problema.
No me molesta del todo, o al menos, no debería. Es algo que estoy esperando, algo que pasará inevitablemente.
Lo que sí me molesta es Jasper, parado frente a mí con esa actitud de soy más divertido que tu prometido, desafiándome a reaccionar. Siempre aparece frente a mí. Reconozco que yo también lo provoco, pero mis horas de descanso dejaron de ser aburridas desde que él me sigue como un perro faldero.
—¿De verdad piensas que un alfa cualquiera te puede hacer feliz?
No me inmuto, pero la pregunta golpea más fuerte de lo que debería, porque Jasper no es un alfa y, aun así, me está desarmando más que Hans.
—Sabes bien que él no es un cualquiera —digo, aunque parezca que intento convencerme de mis propias palabras.
Dios mío, ¿qué demonios me pasa?
—Pero no te hace temblar como yo.
Aprieto el vaso de café barato. No lo suficiente para que se note, pero sí lo suficiente para recordarme que tengo el control. No debo dejar que sus palabras me atormenten. No debo dudar ni un segundo frente a él.
—No todo tiene que ser deseo.
Jasper sonríe como si hubiera ganado algo, y no puedo evitar perderme en esos ojos azules que brillan de una forma particular. Un brillo que se enciende cada vez que habla conmigo. No quiero pensar que soy especial. No quiero que Jasper me engañe, pero…
—No, pero hace la vida mucho más interesante, ¿no te parece?
Pendejo.
Tomo mi café con sabor a agua sucia sin apurarme, solo para que no vea que estoy considerando lo que dice. Quiero huir de esta conversación. Espero que no sea capaz de leer mis pensamientos ni ahora ni nunca.
—Si tanto te molesta mi compromiso, puedes dejar de mirarme.
Se acerca, y mi piel se eriza. El bastardo está envolviendo mi cuerpo con su aroma. Espera… ¿desde cuándo me parece que un omega huele delicioso?
—¿Y si no quiero?
—Ese no es mi problema.
Lo digo con calma, como si fuera la verdad, pero cuando Jasper se ríe, me doy cuenta de que lo sabe. De que está haciéndolo mi problema. Él tiene ventaja sobre mí, y eso ya no me está gustando. Es peligroso.
¿O será que siempre la tuvo?
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Jasper cree que tiene el control, y supongo que me divierte que se sienta así. Es gracioso ver cómo intenta resistirse, cómo se acerca con esa confianza desbordante solo para terminar mordiéndose la lengua cuando le doy la vuelta al juego.
Como ahora mismo, por ejemplo.
Estamos en la sala de archivos, donde se supone que vengo a buscar un documento. Pero, como era de esperarse, este perrito me sigue hasta aquí y ahora estamos atrapados juntos. Mi instinto me dice que esta es la oportunidad perfecta para divertirme un poco más, y por eso digo que yo mismo me lo busco.
—¿Qué pasa? —pregunto con una inocencia fingida—. ¿Por qué me miras así?
Jasper, apoyado contra el archivador, entrecierra los ojos cuando dejo que mis feromonas acaricien cada porción de su piel expuesta.
—No sé qué me molesta más —dice con lentitud—, que finjas que no sabes o que lo disfrutes tanto.
Retengo una risa, pero mi sonrisa lo deja claro.
—¿Molestarte? No sabía que te afectaba.
Él se acerca peligrosamente, pero no corta la distancia entre nosotros. Podría irse, podría dejarme aquí con mi juego, pero se queda para desafiarme.
—No me afecta.
—¿No?
Doy un paso más hacia él, reduciendo el espacio entre nosotros. Me atrevo a rozar sutilmente mi mano contra la suya. Siento un hormigueo, lo ignoro; me importa más su reacción. La manera en que su mandíbula se tensa y se estremece con una sutileza que, si no fuera tan observador, no notaría.
Oh. Lo tiene muy difícil.
Aguanta la respiración un segundo cuando me inclino para tomar un archivo justo al lado de su cabeza, lo suficientemente cerca para que mi aroma lo embriague. Jasper se queda helado. Entonces me atrevo a mirarlo de reojo y ahí está: esa lucha interna entre el deseo y el orgullo.
Hermoso.
Se me corta la respiración y deseo morderme los labios, pero no quiero hacerlo más evidente. Solo me tomo mi tiempo acomodando el documento mientras él no se mueve. Parece contenerse con todo lo que tiene, aun así, sé que en su mente me está devorando. Puedo sentirlo. Su mirada arde.
Sus manos tensas afirman que está perdiendo. Pero la forma en que su pecho sube y baja con más fuerza y cómo sus pupilas se dilatan hacen que mis piernas tiemblen. Mierda. Yo también estoy a punto de…
—Yun.
Esa voz. Esa jodida voz me arrastra de golpe a la realidad y mi cuerpo se tensa por reflejo. Jasper maldice en voz baja. Sabe que, si hubiéramos tenido más tiempo, tal vez…
Pero ahí está él. Hans. Mi prometido.
Me giro con la expresión perfectamente serena que siempre llevo con él.
—Hans —le sonrío con dulzura—. ¿Necesitas algo?
Jasper sigue a mi lado, en completo silencio, y puedo sentir su irritación en el aire. Hans nos mira, su expresión es tan seria como siempre. Estoy casi seguro de que puede percibir el aroma de Jasper impregnado en mi ropa, pero no dirá nada al respecto. Somos dos omegas, es estúpido.
—Te estaba buscando —dice, sin dirigirle siquiera una mirada a Jasper—. Vamos.
—Claro —respondo, con la voz perfectamente estable.
Tomo el documento con calma y, antes de irme, le dedico a Jasper una última mirada. No digo nada, pero él debe saber que lamento terminar nuestro juego tan pronto.
Me despido con una mínima inclinación de la cabeza y, simplemente, me alejo. Pero, justo antes de salir, escucho a Jasper soltar un susurro apenas audible, con una furia contenida que me hace sonreír con suficiencia.
—Maldito.
Jasper
No es que esté espiando, simplemente paso por el pasillo cuando escucho el nombre de Yun y me detengo un segundo. No por curiosidad, sino por instinto.
—Quiero que el anuncio sea discreto, pero firme —dice Hans con su voz grave y autoritaria—. No quiero que haya dudas sobre mi compromiso.
Mi pecho se tensa, no puedo evitarlo. Necesito saber más. Son Hans y otro hombre que no conozco. No parece un empleado de aquí, nunca lo había visto. Si mi olfato no me falla, es otro alfa.
La otra persona asiente.
—Es lo mejor. Un omega bien posicionado fortalecerá tu imagen.
Suelto una risa silenciosa. Claro, un omega bien posicionado, como si Yun fuera un trofeo para exhibir. Maldición. Lo detesto. No puede ser tan detestable. No veo ni una pizca de amor en su mirada cuando habla de Yun.
—Haremos la cena privada el próximo mes —continúa Hans—. Los inversionistas necesitan ver estabilidad, pero, por voluntad de él, seguirá manteniendo el anonimato en la empresa.
Mierda. Esto es real. Esto está pasando y nadie en esta oficina sabe que ese omega "bien posicionado" es Yun. Ni lo sabrán. No me sorprende enterarme de que fue una petición suya. Fui estúpido al pensar que Hans lo mantenía en las sombras. Supongo que Yun no quiere que los demás le teman por su posición. Bastante lo respetan por ser quien es ahora.
Ajusto mi corbata y sigo caminando, sin mirar atrás. Hans puede pensar que tiene todo bajo control, pero no tiene idea de lo que se avecina. No me quedaré siendo un espectador, pondré las cartas sobre la mesa. No dejaré que me arrebate lo que ni siquiera pude tomar.
No digo que Yun sea una cosa, pero estoy seguro de que él también lo siente. Estoy seguro de que le gusto tanto como él me gusta a mí.
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No me sorprende que el director ejecutivo me haga llamar a través de mi hermana. Puedo oler que algo sabe, si no, ¿por qué no envía a su precioso secretario? Estoy seguro de que Yun no tiene conocimiento del encuentro que tendremos en el despacho de su prometido.
Si cree que va a intimidarme por ser un alfa, está equivocado. Sabe que soy omega, pero dudo que sepa que soy dominante. Él no es más que un alfa inferior a mí. Aun si Hans es alto, serio y tiene esa mirada de "no tengo tiempo para estupideces", no podrá soportar mis feromonas si intenta someterme. Y qué bien que me haya llamado primero, porque yo tengo muchas estupideces para fastidiarlo.
—Señor Becker —su tono es frío cuando me llama por mi apellido—. ¿Está seguro de que puede manejar esta posición?
Cruzo los brazos. No me sorprende que vaya directo al grano, pero me haré el desentendido un momento.
—¿Por qué? ¿Le preocupa que no esté a su altura? Estoy cómodo con el trabajo.
Hans me observa con desinterés y suelta una risa irónica.
—Me preocupa que sepa cuál es su lugar.
Levanto una ceja y lo miro con desdén. Está sentado, así que lo observo desde arriba, curvando mis labios en una sonrisa de suficiencia. Este imbécil, él lo sabe.
—¿Y cuál es mi lugar, jefe?
—Hacer su trabajo sin distraerse con cosas que no le incumben.
Ah. Así que algo en mí le molesta, pero no está seguro de qué pasa entre su prometido y yo. Dejo escapar una risa tranquila y muevo lentamente las pestañas mientras acomodo mi cabello hacia atrás.
—Tranquilo, señor Warner. No soy de los que se distraen fácilmente.
Hans no responde de inmediato. Solo me dedica una mirada de evaluación, como si estuviera decidiendo si valgo la pena o no. No me intimida, pero tampoco me gusta estar aquí con él. Seguro sabe algo de mí. Es amigo de Bertram, y mi jefe no tiene ningún contrato de confidencialidad conmigo. Le habrá advertido que soy… bastante picaflor.
—Si eso era todo, tengo mucho trabajo por hacer.
Me despido con una ligera inclinación, pero mantengo la frente en alto para verlo directamente a los ojos. Le dejo claro que no soy ningún sumiso.
Cuando salgo, dejo escapar un resoplido. Si cree que puede manejar todo con ese aire de superioridad, va a llevarse una sorpresa. No soy de los que se rinden, menos si ya me puse como objetivo conquistar a su querido omega. Hans no se merece ni un cabello de Yun. No voy a dejar que robe la libertad de mi omega.
Nadie dijo que los destinados deben ser del género opuesto, ¿verdad? Y teniendo en cuenta lo loco que me trae… no me sorprendería. Aunque solo son tontas historias de mi madre para justificar la obsesión que tuvo por mi padre.
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