Jasper
Estos eventos son una pérdida de tiempo. Aún estamos trabajando en la colección de invierno, no entiendo por qué nos pidieron a Hannah y a mí que asistamos. Supongo que fue un plan macabro de nuestro queridísimo secretario, porque no sé en qué momento esto se volvió un maldito juego para Yun.
Desde que llegué al evento de la compañía, ha estado probándome. Pequeñas señales, miradas fugaces, un roce “accidental” de sus dedos cuando toma una copa. Y justo cuando creo que puedo acercarme, se aleja.
Me está volviendo loco, y lo sabe.
—¿Pasa algo? —pregunta Hannah a mi lado, sin molestarse en ocultar su diversión.
Se ve increíble con su cabello rubio suelto y un vestido ceñido verde esmeralda que escogí para ella. Hacemos juego, por supuesto. Aunque no somos gemelos, nos parecemos mucho y, desde niños, usamos eso a nuestro favor. Ella parece encantada de estar aquí. Asumo que lo ve como una gran oportunidad para hacernos notar en este tipo de reuniones.
—No —respondo entre dientes, con los ojos clavados en Yun.
Muchos me miran. Saben que “soy” el secretario de Bertram, y supongo que deben preguntarse por qué mi jefe no está aquí. No creo que haya corrido el rumor de que ahora trabajo para Warner en Berlín. Pero, aunque eso me es indiferente, Yun está al otro lado del salón junto a Hans, la imagen perfecta de un omega con su alfa.
Con el detalle de que nadie sabe que son prometidos. Todos lo ven como un jefe junto a su mejor empleado, su secretario principal. Yun se ve dulce, reservado, con una sonrisa ligera en los labios mientras su prometido habla con otros empresarios extranjeros. Un papel impecable frente a esos franceses y belgas que, aunque están concentrados en conversar con el director ejecutivo, no dejan de cruzar miradas entre ellos y sonríen como estúpidos cuando lo miran.
¡Vamos! Solo el pendejo de Hans es incapaz de comerse a su omega con la mirada. Yun se ve especialmente atractivo esta noche. Lleva un traje ceñido a su cuerpo, como aquella vez, pero en un rojo borgoña. Se ve limpio e impecable. Su cintura resalta de un modo que todos desearían poner sus manos en ella y darle una probadita a ese cuello perfumado con feromonas suaves.
No soy como esos alfas, pero no niego que deseo quitar cada capa de su ropa, así como sé que ellos están pensando hacerlo.
Entonces, me mira. Solo un segundo, una mirada lenta e intensa, y luego, esa maldita sonrisa. No la que usa con Hans, la otra, la que dice: sé lo que estoy haciendo contigo.
Mis manos se cierran en puños por la frustración. Quiero ir allí. Quiero llevármelo conmigo. Quiero matarlo, pero a besos. Me lo quiero comer tan lento hasta hacerlo rogar por mí. Muero por probarlo y él, por supuesto, lo sabe. En mis ojos se ve el hambre.
—Si te tensas más, hermanito, vas a romper la hermosa camisa que llevas —se burla Hannah.
—Cállate.
Pero ella sigue riéndose de la situación y Yun vuelve a desviar la mirada, como si nada hubiera pasado. Como si no me estuviera provocando.
Lo sigo con los ojos cuando se aleja, moviéndose entre la gente con esa calma estudiada. Incluso de espaldas es increíblemente apetitoso. No quiero verme desesperado, pero no lo puedo evitar. Incluso en la distancia, puedo sentir el picor de su feromona fresca.
¿Se va a escapar otra vez?
No esta vez. Esta vez, voy a alcanzarlo.
Me alejo de mi hermana. Sé que ella sobrevivirá sola y lo sigo entre la multitud hasta que lo encuentro en un pasillo más apartado. Completamente a solas. Perfecto.
—¿Divirtiéndote? —pregunto, acercándome hasta que su espalda queda contra la pared.
Él no se inmuta. No da ni un paso atrás. Solo me mira con esa paciencia exasperante.
—Un poco.
Mis manos se apoyan a cada lado de su cuerpo, bloqueando su salida. Deseo verlo reaccionar. Quiero que pierda el control, como me ha hecho perderlo desde la primera noche que cruzamos palabras, pero Yun solo inclina la cabeza, como si estuviera evaluándome.
—¿Necesitas algo, Jasper?
Mierda. Ese tono. Esa suavidad disfrazada de desafío.
No quiero invadirlo, aun así, libero una suave brisa de feromona. Quiero que me note. Que me sienta, así como yo a él. Sé que le gusto. Debo gustarle.
—Sí —miro sus labios, luego sus ojos—. Que dejes de jugar con mi mente.
Él sonríe lento y provocador. Su pecho sube y baja despacio mientras disfruta de la poca distancia entre nosotros. Noto que mira a un costado cada tanto. Aun cuando es travieso, teme que nos vean.
—Pero si apenas estamos empezando.
Yun
No sé en qué momento empiezo a disfrutar esto.
Quizás cuando veo la forma en que Jasper me sigue con la mirada toda la noche o cuando noto cómo sus feromonas delatan su irritación cada vez que me alejo.
Ahora que lo tengo frente a mí, con los brazos a cada lado de mi cuerpo, acorralándome contra la pared, intentando intimidarme... me enciende.
No sabe con quién está jugando.
Tenerlo justo de la forma en que quiero me acelera las palpitaciones. Pero no, no me gusta. Creo. Solo llena un espacio vacío en mi rutina aburrida.
Lo veo tensarse, como si esperara que me pusiera nervioso, pero no me inmuto. Solo lo observo con calma, demostrándole quién tiene el control. Porque yo tengo control sobre él, y eso me hace sonreír.
Vaya, qué fácil es desesperarlo.
—¿Sabes qué es lo peor? —murmura, acercándose un poco más—. Que ni siquiera eres bueno fingiendo que no te gusto.
Mis ojos se entrecierran, pero mi sonrisa sigue firme.
—¿Y qué si me gustas?
Su respiración se vuelve más profunda, pero no lo dejo responder. Porque justo cuando parece que va a atraparme, cuando está a punto de moverse, cuando sus ojos bajan fugazmente a mis labios, me inclino apenas, en un roce mínimo. Solo lo suficiente para sentir su respiración sobre mis labios, para que crea que lo voy a hacer.
Y luego, me aparto.
Aprovecho que baja la guardia para romper su barrera y paso por su lado con total tranquilidad, como si nada hubiera pasado.
Me encantaría seguir divirtiéndome, pero si desaparezco por un tiempo prolongado, sé que Hans hará muchas preguntas. Después de todo, se supone que solo fui al baño.
—Buenas noches, Jasper.
Lo dejo ahí, frustrado, atrapado en su propio deseo. Ese deseo que enciende un incendio forestal en mi pecho.
No se lo dejaré tan fácil. Porque esta noche, yo gano.
Eso sí, el verde esmeralda le sienta de maravilla. Aunque juntos parecemos un árbol de Navidad, y eso ya no me parece gracioso.
Debí ponerme un traje menos llamativo, pero, de alguna forma, cuando lo escogí, pensé en él. En cómo me verían esos profundos ojos azules.
Hans solo me dijo que me veía impecable como siempre, aunque sé que me juzgó con la mirada por usar un color fuera de lo común en mi clóset.
No me molesta que no me mire, hace mucho tiempo que dejo de importarme eso.
Jasper
Yun elige el camino de la tortura. Se divierte jugando con mi mente y nunca más me suelta. Lo sabe cada vez que pasa junto a mi escritorio y deja su feromona a propósito. Lo sabe cada vez que se inclina un poco más de la cuenta cuando me habla. Lo sabe cada vez que me mira y juega con su maldita lapicera entre los labios, como si no tuviera idea de lo que está haciendo.
Pero esta vez… esta vez lo tengo de nuevo solo para mí.
—Así que trabajas muy duro estos días —comenta con voz suave, apoyándose en el escritorio de la sala de reuniones vacía.
—Más duro de lo que imaginas —respondo con una sonrisa ladeada. Me acerco apenas un paso. Él entiende a qué me refiero.
Aun así, no retrocede. Por supuesto que no, porque lo está disfrutando.
—Debe ser difícil —continúa—, oler las feromonas de tu jefe cuando está siendo tan severo contigo.
—¿Difícil? —levanto una ceja—. Creo que no hay feromona que me enloquezca más que la de cierto secretario travieso.
Su sonrisa es mínima, pero la veo. Maldición. Me acerco un poco más; muero por morder cada parte de su cuello.
—Si tuviera que elegir entre su aroma y el tuyo… —miro su cuello expuesto, su clavícula, la forma en que su pecho sube y baja con cada respiración—. No habría competencia.
Yun parpadea mínimamente, pero lo noto. Le gusta cómo le hablo, le encanta cómo lo seduzco y está dejando caer esa barrera. Por eso me aprovecho y me inclino un poco más, apenas unos centímetros, lo suficiente para sentir su aliento cuando…
—¡Oh! Perdón, no sabía que estaba ocupado.
Nos miramos con los ojos bien abiertos, congelados. Volteo lentamente. Un empleado cualquiera está en la puerta de la sala de reuniones, con la cara de alguien que acaba de interrumpir algo jugoso.
Yun es el primero en reaccionar.
—Solo estábamos revisando unos documentos —dice con su sonrisa más impecable, como si no estuviera afectado por mi feromona.
Actúa impecable, como si yo no estuviera atrapado en esta maldita tensión. El empleado asiente incómodo y sale rápido, cerrando la puerta tras de sí. Miro a Yun y él me mira de vuelta. Luego suelta un suspiro y se endereza, como si realmente hubiera estado revisando esos malditos documentos fantasmas.
—Nos vemos luego, cariño.
—No tan rápido. —Apoyo una mano en la mesa, bloqueándole el paso—. Esto no ha terminado.
—Oh, honey… —me sonríe, inclinándose apenas hacia mí—. Siempre termina así. Espero que puedas arreglar esto solo, como siempre —se burla y me da unas palmaditas en el hombro.
Mierda, otra vez. Sus feromonas me descontrolan.
Él se aleja, dejándome ahí. Otra vez tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para bajar esta erección. Qué frustración, mierda.
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Me desplomo en la silla del pequeño café frente a la oficina, lanzando un suspiro dramático mientras revuelvo mi café con una cucharilla. Hannah, sentada enfrente de mí, solo me observa con una ceja levantada.
—A ver —dice, cruzándose de brazos—. ¿Por qué me trajiste aquí robándome mi hora de almuerzo?
Apoyo un codo en la mesa y dejo caer mi frente en la mano.
—Me está volviendo loco, Hannah.
—¿Hans?
Levanto la mirada con un gruñido. Jamás me dejaría intimidar por un alfa.
—No Hans. Yun.
Hannah parpadea un par de veces, sin poder creer que finalmente lo reconozca. Luego suelta una risa tan fuerte que la gente de la mesa de al lado nos mira.
—¡Lo sabía! —exclama, señalándome—. Te lo dije, te lo dije.
Frunzo el ceño.
—¿Qué cosa?
—Que te ibas a obsesionar con Yun.
—No estoy obsesionado.
Hannah me mira como si acabara de decir que la luna es de queso.
—Jasper, literal me arrastraste a un café en mi hora de almuerzo solo para hablar de él.
Me reclino en la silla con frustración, cruzando los brazos.
—Es que… es desesperante. Lo tengo frente a mí todo el día, con esa cara de ángel, jugando conmigo como si esto fuera un maldito deporte. Y para colmo, está comprometido con Hans. ¡Hans! Un hombre con la misma expresión desde que nació.
—Ajá —dice Hannah, entretenida—. ¿Y cuál es el problema?
Le lanzo una mirada de incredulidad. No puedo entender cómo no ve el problema, o si solo se hace la tonta para hacerme hablar de más. Ella quiere satisfacer su curiosidad y yo necesito desahogarme.
—Que es un omega y me vuelve loco.
—Dios, lo dices como si fuera una maldita tragedia.
Hannah se recarga en la mesa, apoyando la barbilla en la mano.
—Sabes… yo también pasé por eso.
Me quedo en silencio. No esperaba esa confesión de su parte. Pero claro, Yun era capaz de hacer caer a cualquiera: hombres, mujeres, betas, alfas y, bueno… omegas estúpidos como yo.
—¿Pasaste por qué?
Su sonrisa se vuelve nostálgica y desvía la mirada un segundo mientras juega con un mechón de su cabello. Sé que hace eso cuando está avergonzada. Al parecer, el sentimiento fue intenso.
—Por estar medio enamorada de Yun.
El café que estaba a punto de beber se me va por el otro lado. ¿Qué? Mi hermana. Mi queridísima hermana estuvo enamorada de mi Yun.
—¿Qué?
—Sí, en la universidad.
La miro como si me acabara de decir que en realidad es un alfa.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—En su momento hablé de esto contigo. Tal vez no lo recuerdes, pero tú lo odiabas por rechazar a tu hermanita.
—Espera… el beta de la universidad del cual no dejabas de hablar… ¿era Yun?
Se encoge de hombros.
—Sí, pero nunca tuve oportunidad. De hecho, no fue más que un enamoramiento tonto. Pero, ¿cómo no enamorarse de él? Es guapo, encantador, dulce cuando quiere serlo… pero me tomó menos de un año darme cuenta de que solo me veía como su amiga.
Hannah suspira con dramatismo.
—Y además solo le gustan los hombres.
Me quedo callado, asimilando la información. No es que me sorprenda del todo, pero es maravilloso conocer más sobre su pasado.
—¿Siempre fue homosexual?
—Desde que lo conozco, nunca tuvo interés en chicas, ni siquiera como experimento.
Miro mi café, sumido en mis pensamientos. Al cabo de unos minutos, vuelvo a ver a Hannah, que revuelve el suyo con calma, como si no acabara de cambiar mi perspectiva entera sobre Yun.
—Sabes que ahora lo quiero aún más, ¿verdad?
Ella pone los ojos en blanco.
—Jasper, por Dios. No te conté esto para que te obsesiones.
—No, en serio. Ahora que sé que siempre le gustaron los hombres, significa que el problema solo es que soy un omega.
—O que tiene un prometido.
Levanto una mano y la sacudo con un gesto vago.
—Detalles.
Hannah me mira como si estuviera reconsiderando ser mi hermana.
—Estás perdido. No sé si quiero que Yun te haga sufrir un poco más o que terminen juntos para que dejes de llorar.
Me cruzo de brazos, ofendido.
—No estoy llorando.
Hannah me lanza una mirada fulminante.
—Te comiste dos brownies en menos de cinco minutos, Jasper.
Abro la boca para responder… pero no tengo defensa. Mierda.
Miro la hora. Aún nos quedan unos minutos antes de regresar a la oficina, así que me inclino sobre la mesa, curioso.
—Quiero saber más sobre Yun en la universidad.
Ella me mira con desconfianza.
—¿Por qué quieres saber?
—Porque necesito entender con quién estoy lidiando.
Suspira, pero se acomoda en su asiento. Te conozco, Hannah. Sé que tu mayor pasatiempo es hablar y el chisme. Esto es tan beneficioso para ti como para mí.
—Llegó en nuestro segundo año. Estaba en un programa de intercambio, pero después decidió quedarse a terminar la carrera aquí.
—¿Por qué?
—Dijo que no tenía razones para volver a Corea.
Frunzo el ceño. ¿Cómo es eso? ¿No tiene familia?
—¿No tenía familia?
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