A la mañana siguiente, Bruno se encontraba ansioso por cómo había avanzado su relación virtual con el otaku, pero con el paso de los días, comenzó a sentirse como un castigo. Desde aquella noche, @kaisen12 había dejado de responderle los mensajes.
Es más, ni siquiera se conectaba en el juego. Bruno temía haber arruinado las cosas, a pesar de que él no había comenzado el conflicto, y no se atrevía a llamarlo, aunque el dolor empezaba a pesarle en el corazón.
Todos notaron que Bruno, poco a poco, comenzaba a apagarse. Aquel brillo que había desprendido durante los días anteriores ya no estaba. Su semblante triste preocupaba a todos en la mesa durante la hora del almuerzo, especialmente a Camilo y Sebastián.
Intentaron hacer que confesara lo que le estaba pasando, pero él ni siquiera les había contado hasta qué punto había avanzado su relación con su "amor virtual", por lo que no podían entenderlo. Además, no estaba interesado en tocar aquella herida reciente.
—Bru… —suspiró Sebastián, apoyándose en el hombro de su amigo.
Camilo y Carla miraban a Iván con recelo, creyendo que tal vez él era el culpable de apagar la hermosa sonrisa de Bruno. Garam codeó con suavidad a Tomás, quien la miró con pánico. Pero, al ver la expresión lamentable de todos, respiró hondo y tomó valor para llamar en voz alta al chico.
—Bruno…
—¿Sí? —respondió el joven, sorprendido de que Tomás lo llamara, ya que rara vez solía dirigirse a él.
—Ten, te compré esto. Creí que tal vez podría gustarte… —extendió su mano y le entregó una bolsa de dulces a Bruno, quien se sonrojó, sin entender qué estaba pasando.
—Oh, muchas gracias, Tom.
—Espero que puedas volver a sonreír. Tienes una sonrisa muy linda y todos tus amigos la extrañamos.
Bruno lo miró fijamente, sin saber qué decir. Involuntariamente, sonrió ante las amables palabras de Tomás y tomó la bolsa con alegría. Eran chocolates, sus favoritos.
El día parecía querer mejorar, pero cuando creyó que finalmente el sol estaba saliendo para él, en la clase de Ciencias de la Tierra, la profesora se puso de pie para anunciar los nombres de las parejas que había formado para el proyecto que definiría la nota del primer cuatrimestre.
—Bruno Lombardi e Iván Marino.
Las expresiones de ambos eran dignas de ser fotografiadas. El horror era evidente tanto en el más joven como en el rubio. Bruno no quería involucrarse más con Iván y este no deseaba enfrentarlo después de todas las imágenes indebidas que su mente había generado sobre él en los últimos días.
—Mierda… —se quejaron los dos al unísono, pero no había nada que pudieran hacer. Sabían que aquella profesora en particular era una mujer muy rígida.
Ninguno de los dos estaba feliz, y todo el salón pudo percibir la tensión entre ellos. No era novedad para nadie que se detestaban mutuamente. Incluso la docente lo sabía y, por esa razón, había considerado que juntarlos en el proyecto sería una buena idea para fortalecer el vínculo entre ellos. Después de todo, el día de mañana serían colegas y no era bueno que mantuvieran rivalidades.
El resto de la clase transcurrió en silencio y, en la siguiente, ni siquiera se dirigieron la palabra. Sin embargo, sabían que no podían evitarse para siempre. Aunque odiaban la idea de compartir momentos juntos, no había forma de escapar de aquella responsabilidad si querían mantener su calificación.
Bruno se levantó y se acercó al pupitre de Iván. No podían evitar lo inevitable.
—Idiota… —murmuró para llamar su atención, tocándole el hombro con temor al rechazo.
—¿Qué pasa, maricón? —Iván lo miró con mala cara mientras terminaba de guardar sus cosas en la mochila.
Bruno suspiró y se rascó la nuca, intentando encontrar las palabras correctas para no matarlo. Realmente necesitaba a Iván y no iba a poner en peligro su nota por un capricho.
—Solo quería hablarte sobre el proyecto.
—Ah, es verdad…
—Para que sepas, no deseo hacer esto contigo, pero debemos ponernos de acuerdo. —aclaró.
—Bien —suspiró Iván y sacó su celular para que Bruno agendara su número.
—No, no, espera… —se alertó Bruno. No quería tener ese tipo de confianza con él. Sabía que, si tenía su número, Iván se sentiría libre de molestarlo incluso fuera de la universidad. —No es necesario que nos agendemos. Si te parece bien, podemos acordar estudiar en la biblioteca los viernes después de clases. Y, tal vez, si quieres, podemos ir a mi casa.
Iván lo miró en silencio. No entendía cómo el chico se negaba a darle su número, pero accedió a la idea de reunirse en su casa. Así que, para molestarlo, puso sus propias condiciones.
—También lo haremos en mi casa —dijo—. El trabajo, claro, no pienses mariconadas.
—Ugh, realmente eres insufrible. —Bruno se puso rojo de enojo y fue directo a buscar su bolso para irse lo más pronto posible. —No puedo creer que deba soportar tu presencia hasta fin de año.
—Espera, espera. —Iván se levantó para impedir que se marchara.
—¿Qué quieres? —preguntó Bruno, notoriamente irritado.
—No te voy a molestar mientras hagamos el trabajo… o al menos voy a intentarlo. —Iván acomodó su mochila en su hombro, observando con detenimiento los ojos oscuros del castaño. No quería prometerlo, porque no estaba seguro de poder cumplirlo, pero él también necesitaba aprobar la materia. Si quería obtener su título a tiempo, tendría que cooperar.
—Dudo que hables en serio. —Bruno puso los ojos en blanco.
—Confía en mí. Yo también quiero aprobar el proyecto. Solo trata de poner de tu parte…
—¡Yo no soy quien inicia las peleas! —exclamó Bruno, alejándose un paso con un ligero calor en sus mejillas y desviando la mirada. —Pero haré el esfuerzo…
—Bien, entonces está todo hablado…
Bruno no dijo más y se fue sin mirar atrás. Estaba cansado en muchos sentidos. La tristeza de perder el contacto con @kaisen12 lo tenía abatido, y la idea de tener que convivir de cerca con Iván sin ningún lugar donde refugiarse le llenaba el corazón de un sentimiento que no sabía describir. Lo extrañaba. No quería hablar con nadie más que no fuera él, pero tenía que seguir con su vida. Cuanto más lo pensaba, más patético se sentía.
¿Por qué le afectaba tanto un amor que nunca había sido real? Ni siquiera estaba seguro de si el otaku era una buena persona o simplemente alguien más que había jugado con sus sentimientos. Sin embargo, una parte de él seguía aferrándose a la esperanza de recibir un mensaje. Solo uno. Algo que le confirmara que, al menos por un tiempo, lo que había sentido no había sido solo una ilusión.
Habían pasado ya dos semanas y Bruno comenzaba a pensar que @kaisen12 solo había sido un sueño, una dulce fantasía que nunca existió. Se sentía miserable por sufrir tanto por algo que, desde un principio, no había sido normal. Por eso, cuando se dio cuenta de que Tomás se acercaba a él con intenciones de volverse más cercano, no dudó en darle luz verde.
Compartían todos los almuerzos; también estaban sus amigos, pero era evidente cómo Tomás tenía detalles con él que ni siquiera tenía con Garam, que era su mejor amiga. A él le traía chocolates, otras veces papas fritas; Tomás descubrió que Bruno las amaba con cheddar.
Pero había alguien que los observaba desde lejos con un picor extraño en el pecho. Estaba molesto. Se notaba en la expresión de su rostro y en la tensión de su cuerpo. No podía entender cómo tonteaba con Tomás teniendo a su "novia" al lado. Y no solo eso, ¿cómo pudo ignorarlo por una semana entera cuando tenían una responsabilidad que cumplir?
—De verdad, no te puedo tomar en serio —murmuró Mauro con un suspiro.
—¿Qué pasa?
—¿En serio no te das cuenta o solo eres muy estúpido?
Iván frunció el ceño con molestia y dejó de mirar hacia la mesa de su exnovia para concentrarse en su comida. La calefacción del comedor no funcionaba muy bien y eso lo tenía más irritado. Odiaba el invierno. De solo pensar en entrenar con frío, sus dientes rechinaban. Peor aún, ni siquiera era realmente invierno, solo estaban a finales de otoño y ya hacía un frío de cagarse.
—No seas muy duro con el niño —se burló Jay, apoyándose en el hombro de Iván, aunque este lo empujó de inmediato para romper el contacto.
—No sé de qué hablan.
—De tu obsesión con el twink de Garam —intervino Elías.
Jay lo miró en silencio, alzando una ceja con una expresión que insinuaba que sabía más de lo que los demás comprendían. Elías no tenía lugar para juzgar, pero ni Mauro ni Iván eran conocedores de su más reciente secreto.
—No estoy obsesionado. Tengo que hacer el proyecto del que les hablé con él.
Inmediatamente, Jay y Mauro rompieron en carcajadas, llamando la atención de la mesa protagonista de sus charlas.
—Oye, ¿pero ustedes no habían mencionado que en la preparatoria se declaró como gay? —consultó Mauro.
—Sí, pero era solo un rumor —dijo Jay con la boca llena de comida—. La verdad es que, si lo miras, es un hermoso twink, pero… ahora tiene novia.
—Es absurdo —dijo Iván con molestia.
—Igual, como se cambió de escuela, no sabemos qué más pasó —prosiguió Jay, llamando la atención de Elías. Él sabía un poco más sobre Bruno, pero como tenía que ver con una persona de la cual no podía hablar, se limitó a asentir en silencio.
—Qué ruidosos… —se quejó Bruno, apoyado en el hombro de Camilo.
—De todas las universidades, teníamos que coincidir con idiotas —le siguió Sebastián.
—Vamos, no le presten atención. Sigamos en lo que estábamos —dijo Carla, quien llevaba cinco minutos planeando una salida al cine.
Todos tenían ganas, pero no lograban coincidir en horario ni en gustos. Ya estaban en una instancia donde todos los profesores se volvían demandantes con las tareas.
—Tal vez en vacaciones de invierno, Car. Tenemos mucho que hacer en el club —se quejó Garam, llevándose ambas manos sobre su cabeza.
—De todos modos, no es sano que no nos demos un tiempo de ocio —insistió Carla.
—Estoy cien por ciento segura de que estos frikis tienen su tiempo de ocio jugando videojuegos.
—Cállate, yo no entro al juego hace días —confesó Bruno con un deje de tristeza.
Tomás lo miró con total interés. Todos en la mesa eran testigos de cómo el pelirrojo estaba interesado en Bruno, pero, aunque este último era muy enamoradizo, cuando se centró en su amor virtual había dejado de prestarle atención al chico de teatro.
—Es verdad, hace días no hablas de Dark Paradise. ¿Ya te aburrió? —preguntó Camilo.
—No… yo…
Antes de que pudiera decir más, sintió un toque en su hombro y un perfume perforó sus fosas nasales. Intentó contar hasta diez para no reaccionar de la peor manera; aún no le apetecía pelear con Iván. Por eso, había evitado el tema del proyecto todo este tiempo.
—Pensé que te quedó claro que no quiero que te metas con mi novio —lo enfrentó Garam.
Iván puso los ojos en blanco y no le hizo caso a la chica que una vez había sido su novia.
—Necesito que hablemos, mari… Lombardi —corrigió Iván, desviando la mirada.
—¡Que te vayas! —insistió ella, pero Bruno le sonrió con pena a su prima.
—Olvidé contarles que tengo que hacer un trabajo con él.
Todos se quedaron mudos y observaron cómo Bruno se ponía de pie. No podían creer cómo su amigo seguía obedientemente a la persona que tanto criticaba y de quien hablaba con tanto odio cada vez que tenía oportunidad. Sebastián compartía muchos horarios con Bruno, pero no todos, por lo que no podía creer lo que se había perdido por no coincidir al cien por ciento con él.
—Esta escena es digna de ser fotografiada —dijo Jay desde la otra mesa con una sonrisa burlona.
Pero Iván no lo escuchó. Para ese momento, ya estaba lo suficientemente lejos con Bruno, en los pasillos menos concurridos de la universidad.
Bruno apretó los labios, sintiendo la incomodidad en su pecho mientras lo seguía. No entendía por qué Iván tenía tanta prisa ni qué era tan urgente como para sacarlo de su mesa sin previo aviso. Al doblar la esquina, se detuvo en seco al sentir la mano del otro sujetar su muñeca. Lo miró con recelo, esperando que hablara primero.
—¿Qué demonios estás haciendo? —preguntó Iván, frunciendo el ceño.
—¿De qué hablas?
—Con Tomás. ¿Desde cuándo son tan cercanos?
Bruno sintió una punzada de molestia y cruzó los brazos, alzando una ceja.
—¿Por qué te importa? Creí que venías a hablar del proyecto.
Iván apretó la mandíbula, pero no respondió de inmediato. Solo pasó una mano por su cabello con frustración. Ambos ni siquiera podían verse a la cara sin sentirse irritados. Sabían que necesitaban hablar al respecto y, como Iván había tomado la iniciativa de buscarlo, Bruno pretendía que él también rompiera el hielo en aquella situación tan incómoda para los dos.
—De verdad haces que la gente pierda la cabeza —suspiró Iván—. ¿De verdad tuve que ir a buscarte, enano irresponsable?
—¿Cómo me dijiste? —preguntó Bruno, completamente indignado. No era bajo, el problema era que Iván era demasiado alto con su metro noventa.
—No quisiste darme tu número, te haces el misterioso y ya pasaron días. Aún no hicimos nada.
Bruno arqueó una ceja.
—Oh, vamos, todavía hay tiempo. No sabía que eras tan responsable.
—No sé tú, pero yo necesito pasar esta materia sí o sí este año. No puedo darme el lujo de recursar.
—Cierto, los deportistas son becados, ¿verdad? —sonrió con sorna.
—No me preocupa el dinero, mi problema es que me suspendan de las competencias —confesó sin pensar. En cuanto se dio cuenta de su propia transparencia, frunció el ceño y despeinó su cabello—. No debo darte explicaciones.
—Pero las das… —Bruno se rió—. Porque, aunque no te guste, me necesitas más tú a mí que yo a ti.
Iván chasqueó la lengua, irritado, y empujó su pecho contra el de Bruno.
—¿De verdad quieres meterte conmigo, maricón?
Bruno endureció la mirada.
—Dijiste que dejarías de molestarme…
—Aún no iniciamos el trabajo.
—Pero me necesitas, porque, después de todo, no puedes cambiar de pareja a menos que abandones la cátedra y te inscribas el año siguiente con otra —Bruno le sonrió con suficiencia, picando con su dedo índice el pecho duro de Iván. Le causaba cierta satisfacción tener, de alguna manera, poder sobre su acosador.
Iván suspiró con exasperación, observando con intensidad los ojos oscuros del castaño.
—¿Quieres pedirme algo?
—¿Es mucho pedir que te portes bien conmigo?
El rubio puso los ojos en blanco, pero, después de unos segundos, asintió con desgana.
—Bien —gruñó.
—Te veo el viernes después de clases, cachorrito —dijo Bruno, dándole unas palmaditas en el pecho antes de separarse—. En la biblioteca, como quedamos. Y ven estudiado, tampoco quiero que te hagas el imbécil.
Iván cerró los ojos con fuerza para contener las ganas de tomar a Bruno por el cuello y escupirle un par de insultos. Pero lo que más le molestaba no era su descaro, sino la maldita pregunta que había comenzado a rondar su cabeza: ¿por qué olía tan bien? A limpio. A perfume de Calvin Klein. Era parecido al de Garam, pero mucho más intenso.
"Mierda", pensó cuando se dio cuenta de lo que pasaba por su mente.
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