Bruno apretó los labios, sintiendo cómo la realidad se estrellaba contra él. Cerró los ojos y asintió, aunque el otro no pudiera verlo.
—Sí… hasta mañana.
Colgó la llamada antes de que su voz delatara la confusión que le carcomía el pecho. Ahora, más que nunca, no sabía en qué estaba metiéndose.
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