—¿Este sábado?
—Mierda, Garam, ¿este sábado? Pero mañana ya es viernes, te dije con tiempo… —se quejó, tirando la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, intentando mantener la calma—. Okay… El sábado será. Pero que sea la última vez que me avisas así.
No estaba para nada ansioso por tener esa "cita" con ella, sobre todo porque debía cancelar sus planes de jugar Dark Paradise. Lo más triste fue avisarle a @kaisen12 que tenía un compromiso para ese día. Bruno odiaba no poder compartir tiempo con él y le frustraba que Garam le robara uno de sus fines de semana.
El viernes fue terrible. Iván seguía haciéndole la ley del hielo, pero no duró más que la primera hora de clases. En cuanto Bruno fue al baño a solas, entró detrás de él y lo acorraló contra el lavabo.
—¿Vienes a retocar tu maquillaje, maricón? —comenzó el chico, logrando que Bruno frunciera el ceño de inmediato.
Odiaba tener que verlo desde abajo por la diferencia de altura. No se trataba de que Bruno fuera bajo, de echo media casi metro ochenta, pero el atleta lo superaba bastante.
—¿Ahora recuerdas que existo? ¿Qué te pasa? —se quejó sin mucha fuerza.
No tenía ganas de pelear con Iván. La situación lo estaba agotando psicológicamente, y ni siquiera había pasado mucho desde que iniciaron el primer semestre. No era la primera vez que lo trataban de maricón de manera tan despectiva y no estaba listo para volver a revivir esos momentos que tanto le costó superar.
Si es que en algún momento logro hacerlo.
—Realmente me molesta ver tu cara… —dijo Iván, tomándolo por la mandíbula con una de sus manos y se acercó tanto que casi le provocó un infarto. Ninguno de los dos podía negar la belleza del otro, y verse de cerca solo hacía más pesado el aire.
—Déjame tranquilo, ¿ni siquiera puedo venir a mear ahora?
—No voy a dejarte.
—¿Por qué? ¿Acaso es mi culpa que Garam no te quiera?
Iván solo lo miró, sin saber cómo responder. Se desconocía a sí mismo.
—Eres realmente patético, me echas la culpa a mí y yo no te hice nada.
—Sí haces.
—¡Eso no es verdad! No sabes qué excusa inventar para ser un idiota conmigo.
Finalmente, Bruno lo empujó y logró zafarse de su agarre gracias a que el grandulón había bajado la guardia.
—Mira, hasta me quitaste las ganas de mear.
—Tú no eres novio de Garam —insistió Iván.
—Sí, sí lo soy, déjanos ser felices en paz.
Bruno caminó hacia la salida del baño, completamente agotado de tener que lidiar con Iván y, además, de temer constantemente que este lo aplastara. Pero incluso si lo golpeaban, defendería la mentira de su prima hasta el final. El seguía siendo bastante leal a pesar de que lo perjudicaba.
—De lejos se nota que muerdes la almohada, no puedes engañarme, maricón.
—¿Acaso te interesa? —cuestionó en un tono burlón—. Ya deja de hacerme perder el tiempo si no vas a invitarme a salir.
Bruno se fue con dignidad, tragándose la risa por la expresión descolocada del rubio.
—Me das asco —susurró Iván para sí mismo mientras lo veía irse con esa caminata particular suya.
El castaño parecía modelar todo el tiempo, y la mirada de Iván se fue involuntariamente a la parte trasera de este, que destacaba al igual que su cintura que ayudaba a moldear su figura.
Cuando vio su reflejo en los espejos del baño, golpeó con el puño el lavabo, odiándose a sí mismo por sentir ese tipo de atracción. Lo odiaba. Definitivamente detestaba con todo su ser a Bruno Lombardi y no iba a permitir que este viva su vida tranquila después de haberle robado a su novia.
Luego de aquel disgusto para ambos, lamentablemente tuvieron que volver a verse durante el almuerzo. Bruno iba de la mano con Garam, sosteniendo su bandeja de almuerzo como podía. Iván no dejaba de mirar, horrorizado, la unión de sus manos, y ya no sabía si lo que sentía eran celos u obsesión por separarlos de alguna manera ya que su ego había sido golpeado.
Por eso, dejó que sus impulsos actuaran primero, ignorando por completo la advertencia de Mauro. Su amigo lo conocía demasiado bien como para saber cuándo estaba a punto de hacer una estupidez. Así que, sin pensarlo demasiado, Iván caminó rápidamente hacia la nueva parejita de Garam y chocó deliberadamente contra Bruno, logrando que este terminara en el suelo por el impacto.
El empujón no había sido muy fuerte, pero Bruno era ligero y estaba demasiado distraído como para reaccionar a tiempo. Fácilmente cayó de espaldas, rompiendo el agarre con Garam. Su almuerzo, por otro lado, acabó esparcido sobre su ropa.
—¿Qué demonios? —la mirada filosa del castaño buscó de inmediato al culpable.
La intensidad de sus ojos erizó la piel de Iván. Por un instante, sintió culpa por sus actos, pero ya estaba hecho y debía mantenerse firme en su postura, aun si eso lo hacía quedar como un completo idiota.
—Mierda… —se quejó Mauro a lo lejos, incapaz de mirar a su amigo.
El único que se levantó de la mesa fue Jay, quien se apresuró a sacar a Iván de la escena antes de que "la princesita" lo matara.
—¡Me tienes harto! —le gritó Bruno, aceptando la ayuda de Garam y Tomás para ponerse de pie.
Si alguna vez había sentido algún tipo de curiosidad por Iván, estaba seguro de que ese día cualquier rastro de interés se había esfumado por completo. Odiaba desperdiciar la comida.
—Eh…
Iván vacilo sin saber que hacer observando el desastre que había provocado.
—Sh, no digas nada. Vámonos —murmuró Jay, y lo tomo del brazo para arrastrarlo de vuelta a la mesa con el resto de sus amigos.
Iván estaba impactado. No entendía por qué ese chico bajito sacaba lo peor de él. Todos en el comedor lo miraban con indignación. Ya no estaban en la preparatoria como para comportarse de esa manera. Aun así, no podía apartar la vista de Bruno, que fruncía el ceño mientras el chico de teatro lo limpiaba con una toalla y lo ayudaba para alejarlo del foco de atención.
—De verdad, eres increíble… —lo regañó Mauro.
Nadie más escuchó la voz de Iván durante el resto del almuerzo.
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