Lo peor de todo era que Iván había sido su compañero incluso en la preparatoria, pero Bruno jamás le prestó atención porque no le interesaba relacionarse con los demás. Además, en aquel entonces Iván era más bajo y delgado de lo que era ahora. Pero, claro, esos detalles Bruno los desconocía, porque para él era un completo desconocido.
Ivan, por otra parte, por supuesto que lo reconocía. Bruno no cambio mucho desde entonces, y no espero encontrárselo en la universidad. Pero claro, no esperaba que Bruno le saludara teniendo en cuenta que en la preparatoria siempre paso de él. Sin embargo, había algo que le hacía ruido, su memoria era mala, aun así no tenía recuerdos de que el castaño sea popular con las chicas por no decir que era maricón.
—Así que por esto me dejó Garam —dijo Iván al terminar la clase, en un tono lo suficientemente alto como para que Bruno lo escuchara. Este se levantó de su asiento, dispuesto a ignorarlo, pero entonces...
—No sabía que le gustaban los chicos ratas homosexuales.
Bruno suspiró pesadamente e intentó contar hasta diez, pero antes de que siquiera sus amigos pudieran ir a buscarlo para almorzar juntos, se devolvió a enfrentar al chico de cabello rubio oxigenado.
—¿Tienes algún problema conmigo?
Se miraron fijamente a los ojos y Bruno pudo jurar que, si las miradas mataran, él ya estaría bajo tierra.
—Solo digo lo que veo, enano. ¿Te molesta?
—Mierda, ¿tanto te duele que sea más bonito que tú? —empujó a Iván con una mano. Esto alertó inmediatamente a Sebastián. Camilo, quien estaba viendo todo desde la puerta del salón de clases sabía perfectamente que Bruno era una bomba de mecha corta.
—Por eso mismo. No eres guapo, solo eres bonito como un sucio homosexual —respondió Iván con una sonrisa ladeada, disfrutando del enojo del otro.
—No, no, no… Vamos a almorzar, Bru —interrumpió Sebastián de inmediato, al ver las intenciones de su amigo y con la ayuda de Camilo, lo arrastró fuera del salón.
No dijeron nada hasta estar lo suficientemente lejos de Iván.
—¿¡Estás loco, Bru!? ¿Cómo vas a meterte con Iván? —exclamó Sebastián.
—Tu prima es una idiota. Te acaba de enviar a la horca —dijo Camilo, aterrado.
—Probablemente no lo sepas porque vives en las nubes, pero, joder, Iván es uno de los chicos más populares del departamento de Ciencias, si no es que de toda la universidad.
—Él y sus amigos dan miedo… Son miembros del club de atletismo. Iván no es tan bueno como Mauro, pero todas las chicas quieren estar con él. Y su amigo Jay es el peor, es capaz de hacerte trizas.
—Y no hay que olvidarnos del imbécil de Elías —Sebastián puso los ojos en blanco, sin poder evitar hacer una expresión de desagrado al mencionarlo—. Ese estúpido cree que con dinero puede pasarte por encima.
—Yo… honestamente, no sé quiénes son —murmuró Bruno, avergonzado. Sus dos amigos suspiraron, resignados por su falta de interés.
Estando en el buffet del campus, los tres estuvieron a punto de sentarse en una mesa solos hasta que Bruno recordó que ahora tenía novia gracias a que Garam lo sorprendió enojada y lo tomó del brazo para arrastrarlo con ella. Pero, así como él fue a la mesa con los amigos de Garam, también arrastró a los suyos para no estar solo en esto.
Por suerte, Sebastián y Camilo se llevaban muy bien con todos. Especialmente porque estaba la hermana pequeña de Camilo, Carla, una chica muy bonita. Bruno estaba casi seguro de que, si fuera heterosexual, le bajaría la luna entera, pero a su lado estaba ese chico... Aquel del club de teatro que llamaba su atención.
Su prima lo presento y supo que se llamaba Tomás, no era tan charlatán como ellos. Pero no dejaba de mirar a Bruno cada vez que podía, y no tardó en ponerlo nervioso. Le costaba comer con normalidad por miedo a ser juzgado por el chico actor.
De todos modos, el ambiente era demasiado agradable y, cuando por fin se atrevió a darle un mordisco a su hamburguesa, sintió una fuerte palmada en la espalda que le puso los pelos de punta.
—Verdaderamente, Garam, no puedo creer que hayas caído tan bajo —escuchó cómo Iván lo insultaba en su cara, sin descaro.
—Oh, vamos, Iván. No molestes a mi novio.
Bruno se ahogó con su comida al oír cómo lo llamaba su prima, mientras sus amigos intentaban ocultar sus rostros para no poner en evidencia que se morían de la risa.
—Mierda… —se quejó, bebiendo agua rápidamente.
Cuando volteó a ver a Iván, conoció a los otros tres chicos que habían mencionado sus amigos. Sí, era real. Los cuatro eran grandes. Es decir, lo suficientemente altos como para aplastarlo, pero también tan guapos que Bruno era capaz de darles las gracias si lo golpeaban.
—Realmente eres patético. Vete de una vez, que quiero comer en paz, lejos de tu horrible cara —escupió molesto, hablando más rápido de lo que su cerebro podía procesar.
—¿Qué…?
—Oh, cielos. Vamos, Iván… Todos nos están mirando —mencionó el chico de cabello anaranjado, tomándolo del brazo para alejarlo.
Aun así, Bruno logró oír cuando dijo:
—¿Acaba de llamarme feo?
Una sonrisa apareció en el rostro de Bruno cuando sintió que había ganado la batalla, pero pronto se le borró al notar que todos, absolutamente todos los estudiantes del comedor los estaban mirando mientras cuchicheaban entre ellos.
No estaba cómodo. No estaba nada cómodo, y Garam lo sabía. Ella le acarició la espalda para reconfortarlo, sintiendo culpa por la manera en que había involucrado a su primo, pero ya estaba hecho, y ahora simplemente debían continuar con la farsa.
Terminar de almorzar fue difícil con esos ojos clavados en su espalda, como si desearan apuñalarlo, y dentro de clases la situación se volvió aún más complicada cuando tuvo que sentarse nuevamente frente a Iván. Lo que tenía de guapo, lo tenía también de imbécil. Y lo peor de todo era que ese solo era el comienzo de su martirio.
Comments (0)
See all